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La (enésima) lucha social

Tiempo de lectura 2 min.

05 de septiembre de 2017. 19:58h

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Lucas Haurie 5/9/2017

La primera guerra política del curso también es intestina y también es entre socialistas, una familia mal avenida que administra el legado de Pablo Iglesias I, Indalecio Prieto, Julián Besteiro, Felipe González y los (ficticios) cien años de honradez con la voracidad de Manolito, el gallego brutote y avaro de las tiras de Mafalda: «Una familia no reparte la herencia, señora, la descuartiza». El sanchismo ha asumido, tras su laminación en el congreso regional, que con Susana Díaz no caben contemplaciones: ambos líderes, en Ferraz y San Telmo, ansían la aniquilación del otro y por ello se aprestan las huestes de Pedro a librar una batalla desigual, sí, pero ni mucho menos perdida de antemano. Sobre la base del 30% de los sufragios andaluces obtenidos en las primarias de mayo y con un rasputín tan capaz como Quico Toscano, en más de una provincia se tienta la ropa el oficialismo, y eso a pesar de que el crupier, comprado por la casa, sigue marcando las cartas en el juego de los avales. Es un ejercicio vano, porque los díscolos ya han perdido el miedo a señalarse y quienes lo conserven, saben que el día importante es el de la votación. El alcalde de Dos Hermanas ya vocea el nombre de Eva Patricia Bueno como alternativa deseable (por él, claro) a Verónica «yo-soy-la-autoridad» Pérez en Sevilla y Málaga es una plaza más que incierta debido a la obligada renuncia de Miguel Ángel «big mouth» Heredia, quien ha dejado a un heredero inane en la persona de José Luis Ruiz Espejo. Debe definirse aún la candidatura frente a Irene García en Cádiz, donde el portavoz en el Ayuntamiento de la capital, Fran González, es un pedrista de primera hora pero tiene una personalidad pequeñita, acorde con el diminutivo con el que gusta ser llamado.

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