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La jugada naranja

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Tiempo de lectura 4 min.

08 de septiembre de 2018. 05:53h

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Tomás Gómez 8/9/2018

El Sr. Rivera está saliendo del impacto que le produjo ser el único que se quedó junto al Sr. Rajoy en la moción de censura que llevó al Sr. Sánchez a la Moncloa y ha dado un paso. Los naranjas están provocando elecciones en Andalucía.

Como necesitan borrar la imagen de comparsa del PP que han proyectado en los últimos meses, han decidido competir con ellos allí donde son más débiles.

El Sr. Rivera cree que inducir un adelanto electoral en Andalucía solo tiene ventajas para él. Pelear con el PP por el voto conservador justificará una mayor agresividad con su adversario y, de esta manera, podrá zafarse del corsé que le han impuesto los populares ante la opinión pública.

Además vuelve a aparecer en la escena política española como una formación decisiva para la estabilidad y el sostenimiento de los gobiernos. Sabe que no es su mejor momento y que las elecciones las carga el diablo, pero ningún partido está como para tirar cohetes y la alternativa es seguir con un papel anodino en la escena nacional, cosa que le terminaría llevando a la irrelevancia absoluta.

En Ciudadanos son conscientes de que el Partido Popular, aunque está dañado por todo lo que ha ocurrido en los últimos meses y el nivel de rechazo en los sondeos es aún elevado, podría encontrar una palanca de remonte en su nuevo líder.

Una hipotética victoria ahora mismo sobre el PP en Andalucía volvería a disparar las especulaciones y apuestas sobre Ciudadanos y golpearía duramente en la línea de flotación del Sr. Casado, que vería como se multiplican sus problemas internos.

En definitiva, el tiempo juega a favor del PP y cuanto más tiempo tenga el líder popular para consolidarse al frente de su partido, menos tendrá el Sr. Rivera para ser la alternativa conservadora.

También sabe que el Partido Socialista podría anticipar las elecciones generales en el momento que más le convenga, sin embargo, el otoño no parece que sea una fecha fácilmente justificable por la calle Ferraz, que ha cargado la argumentación en la cesta de los presupuestos para el año que viene, de manera que en otoño es pronto para saber si los sacará adelante o no.

Por tanto, la operación es una contrariedad para el Sr. Sánchez, que pasando de largo las elecciones andaluzas, solo le queda la parada electoral de las municipales, programadas para mayo de 2019, para acudir arropado por otros procesos a las elecciones.

El Sr. Sánchez sabe que su partida consiste no tanto en ganar las elecciones, que con el plus de gobierno debería darse por seguro, como en poder seguir gobernando, pero eso también depende de cómo le vaya a su socio principal, Podemos.

Además, lo que mejor se le da al líder socialista no es precisamente ganar elecciones y aunque ha aprendido que hay atajos que le llevan al gobierno no conviene forzar la suerte.

Pero la estrategia de Ciudadanos tiene un punto débil. Puede ocurrir que no supere al PP y eso sería letal. Tampoco se puede olvidar que, hoy por hoy, está en crisis y que su estrategia viene impuesta por la exigencia de volver a brillar y hacer de la necesidad virtud es difícil y entraña riesgos.

Más allá de los rincones y recovecos de la jugada naranja lo que se pone de manifiesto es que el Sr. Rivera está quemando uno de los últimos cartuchos, con un PP que no ha levantado la cabeza todavía, con Podemos mal y en Andalucía peor y con el Sr. Sánchez que tiene el panorama complicado. Solo parece pintar bien para la presidenta de Andalucía.

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