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La ley del embudo

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Tiempo de lectura 4 min.

06 de diciembre de 2018. 23:25h

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Tomás Gómez 6/12/2018

Es archiconocida la disputa entre Solón, uno de los siete grandes sabios de la antigua Grecia, y su amigo, el príncipe Anacarsis, sobre si las leyes regulan de manera justa las relaciones entre los seres humanos o, sencillamente, se rompen cuando le conviene al que tiene más poder, como una tela de araña es rota por un pájaro. La versión popular del conflicto es conocida como la ley del embudo.

Hasta el año 2014, Pedro Sánchez no tuvo responsabilidades relevantes en el PSOE y su trabajo institucional se limitó a desempeñar las tareas propias de concejal en la oposición, con más pena que gloria.

Quizá por eso, tanto en el año 2008 como en el 2011, para recibir el acta de diputado tuvo que esperar a que otros que sí obtuvieron su escaño directamente del voto en las urnas, , como los ex ministros Pedro Solbes y Cristina Narbona, renunciasen para que la lista corriese.

Por fin logró su acta sin tener que esperar a ocupar la de otro, cuando encabezó la candidatura socialista en las elecciones del 2015 y 2016, las que perdió el Partido Socialista con 90 y 84 diputados respectivamente. Fue destacable el batacazo en la circunscripción electoral de Madrid, donde el PSOE fue vencido por PP, Podemos y Ciudadanos.

En la dirección federal del PSOE el presidente del Gobierno no es una rara avis. Los primeros responsables del partido nunca han ganado nada en unas elecciones. Sin embargo, eso no ha sido obstáculo para llegar al gobierno de España y a la dirección nacional socialista.

El hecho de no haber cosechado victorias en las urnas no deslegitima para dirigir, pero sí para lanzar la acorazada contra quien nunca ha perdido unas elecciones.

Deberían analizar con rigor las causas del resultado electoral y llegarían a la conclusión de que gobernar con 84 diputados nunca ha sido una buena idea y que la arbitrariedad en el día a día y las improvisaciones son una fuente inagotable de desgaste.

También deberían hacer balance de gestión, de los tiempos de oposición primero y de gobierno después. En el año 2014, Podemos solo tenía el 8% de los votos, en el 2016 logró el 21% en España y el 18% en Andalucia. El domingo logró nuevamente el 16% de los votos en el Sur. Con Pedro Sánchez los morados han duplicado y resisten.

Pero lo peor es que la extrema derecha no estaba en las instituciones hace cuatro años y ahora sí. Leer el 2 de diciembre exclusivamente en clave local es tan interesado como incorrecto, porque se obvian interrogantes como: si Vox obtiene 12 diputados en Andalucia, entonces ¿cuántos va a obtener en sitios como Madrid el próximo mayo?

Sobre si hubo o no boicot en Andalucía es mejor ni planteárselo porque si se analiza el número de votos nulos y en qué distritos electorales se produjeron o dónde se votó anormalmente mucho a partidos políticos muy minoritarios, como el PACMA, a un socialista se le puede helar la sangre.

Siempre habrá algún periodista miope, torpe o con mala idea preguntando insistentemente a la Sra. Díaz que cuando piensa dimitir, pero la inteligencia apunta a otro lugar: sostenerse en el gobierno con el voto de los independentistas no es lo mismo que desalojar del poder al Partido Popular inmerso en problemas judiciales. Esto último da votos pero lo primero los resta.

El liderazgo no debe medirse por la lista de discrepantes internos aniquilados políticamente, sino por el número de rivales de otros partidos vencidos electoralmente, claro que es más fácil aplicar la ley del embudo para el que tiene el poder.

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