La mujer poderosa

"El hombre rechaza a la mujer poderosa", es el titular que daba Amilibia a su entrevista a José Antonio Marina de hace unos días. Gran titular. Gran verdad. A los hombres les duele en lo más profundo de su yo cultural el ser dirigidos por las hembras. A ellos, desde que nacen, les educan para el dominio. Ellos necesitan ser admirados, encumbrados, obedecidos, pero la sociedad permite pocos líderes. Por un jefe hay multitud de subordinados. Así que el hombre corriente busca su lugar de poder en casa. Su mujer y sus hijos son su pequeño ejército cotidiano. El hombre no soporta, dice Marina, las excesivas órdenes de la mujer. Sin embargo, por los siglos de los siglos son ellas las que llevan las riendas en el día a día de la vida. Cierto es que muchas lo hacen con tanto embeleco que él no se da cuenta. Eso les funciona. Yo pienso que los varones soportan a la mujer poderosa mientras ella está enamoradísima de él. Cuando esa primera fase se supera y llega la realidad, el tener que amar al otro como realmente como es, surgen los conflictos. Dicho de manera más brusca, mientras la mujer se deshaga entre sus brazos, mayormente en la cama, el varón aguantará que ella sea la astronauta más famosa del planeta o la primera ministra mundial. Cuando la relación se vuelve más compleja, se acabó el invento. Hay algunos hombres extraordinarios, desde luego, que comprenden que el sexo sin comunicación es poca cosa. Que luchan por entender que sólo desde el respeto y la igualdad se llegará al encuentro. Apenas son unos cuantos, siento decirlo. La mayoría todavía disfruta de nuestro brillar por poco tiempo.