La ocasión

Cuando comienza un nuevo año hay una sensación general de tránsito, la impresión de que se abre una puerta y que no sabemos si nos franqueará el paso hacia un paisaje pródigo, de promisión, o a un lugar insuficiente e innoble donde no quisiéramos estar. En cualquier caso, esa cancela despejada es una ocasión. De cambio, mudanza, de transición, renovación, de arreglo... De crisis también, porque crisis significa vicisitud, alteración de las cosas (para mejor o para peor), novedades y metamorfosis imprevistas.

El ser humano, en general, reacciona con perplejidad y fastidio ante los cambalaches de la existencia y de la historia. Nos gusta acomodarnos, amamos la rutina, apreciamos las costumbres, aunque sean malas, el clima humano consuetudinario... Sin embargo, es la ocasión quien puede hacernos feliz. «La oportunidad la pintan calva» es el dicho. Según José Mª Iribarren, los romanos tenían una diosa que se llamaba Ocasión. Una belleza más ligera de ropa que Miley Cyrus con un pronto en Youtube, a la que representaban de puntillas sobre una rueda y con alas en los pies y/o la espalda, haciendo equilibrios imposibles para los mortales y que ni siquiera una divinidad como ella hubiese sido capaz de urdir de no haber contado con tracción en las cuatro alas. La deidad tenía una frondosa cabellera si se la veía por delante, pero era calva como Bruce Willis por detrás. Al mirarla, los romanos se daban cuenta en seguida de que las ocasiones pasan rápido, tanto que resulta difícil agarrarlas por los pelos. Y así es. Mejor no repetir resignados aquellos versos de Emilio Carrere, quien se quejaba de que «Si acaso no he conseguido/ el amor y la fortuna,/ es porque nunca he podido/ llegar a la hora oportuna»... ¡Que el 2014 sea propicio y esté lleno de ocasiones bien aprovechadas!