Liantes y lacayos

Una conjura de necios. O aún peor: de quienes sólo entienden el lenguaje de la deslealtad, la provocación, la amenaza, el chantaje, el conflicto y la piratería. Estamos ante una escalada de lamentables novedades tan previsibles como grotescas y, por descontado, intolerables.

Ya se sabe: los enemigos de mis enemigos son mis amigos. Y en esta ecuación de pestilente realpolitik están los más feroces escuadrones del nacionalismo catalán a la búsqueda de la complicidad de esos sujetos que habitan un peculiar territorio español llamado Gibraltar, convertido tristemente y de forma hasta ahora incontenible en un nido de delincuencia a todos los niveles y en un foco de morralla. Y sin que nadie hasta ahora haya hecho lo que tocaba para defender con solidez los intereses patrios, de lo que se han beneficiado ostensiblemente los piratas. Claro.

Es una evidencia que el Gobierno de Artur Más esta iniciando una carrera desenfrenada de tensión que avanzará en un estruendoso crescendo para culminar en la Diada. Y ahí debe encuadrarse el oportunismo de este pobre hombre que, ejerciendo cual canciller, pretende erigirse ahora en aliado de primera categoría de esa banda de ocupantes que practicando el matonismo gobierna el Peñón.

Pero hay más: y es el trabajo sucio de los de siempre. Esas plataformas o asociaciones o colectivos u organizaciones, frecuentemente amamantadas por los pesebres separatistas, que se concentran en actuar como fuerzas de choque o puntas de lanza o simples complementos de aquellos a los que les deben el sueldo. Hablamos, en efecto, de esclavos morales.

Así que, alcanzado este orden de cosas, la respuesta del Gobierno no puede estar más claramente definida. Y debe pasar por la revisión inmediata, irrestricta y cuasi-incondicional de medidas que afectan al tráfico marítimo o al espacio aéreo; y desde luego, a aquellas que promovidas por Hacienda puedan ir encaminadas a extirpar el fraude fiscal masivo.

Nuestras bazas son la razón, la Ley y la verdad de lo que esta sucediendo. Las de nuestros adversarios, la sinrazón, la ilegalidad y la mentira. Precisamente por eso acierta en las formas y en el fondo el ministro José Manuel García Margallo cuando habla de una fiesta que debe terminarse, de una broma de la que estamos hasta la coronilla.