Líbrenos el cielo de esta gente

A pesar de que ya experimentamos hasta el Gobierno de Batasuna, aún produce cierta prevención pensar qué será de nuestra sociedad si acceden al poder nacional algunos de la izquierda radical –e incluyo en ello a sectores del socialismo–, que dan más la impresión de ansiar una ocasión para la revancha que de gestionar el Estado. Parecen no ser conscientes de que el PSOE ha sido el inquilino de La Moncloa durante dos décadas. Así lo han demostrado con ocasión de que José María Aznar haya podido, estoy convencido de que inconscientemente, cometer una falta al invadir un trozo de playa con su perro, a las ocho de la mañana, de un día de marzo, cuando a nadie se le ha pasado por la cabeza acudir al lugar. Ante la noticia, lo extraño no es que el concejal socialista de Marbella, Diego Lara, haya decidido poner una denuncia, determinación comprensible si se trata de establecer la justicia para todos, lo que da repelús es el tono del razonamiento «no se va a permitir que el Partido Popular crea que Marbella es su cortijo para hacer lo que le venga en ganas saltándose las leyes». ¡Qué odio destila la argumentación! ¿Qué sería de Aznar o del Partido Popular si su futuro dependiera de semejante político? Con ello ni defiendo ni excuso al ex presidente del Gobierno, pero no se puede pretender que fue él quien mató a Manolete. Sin embargo, a Diego Lara no parece afectarle igual el latrocinio cometido por sus correligionarios de los ERE en su propia tierra, en Andalucía o ¿para él es más grave pasear un perro por la playa a hora intempestiva que meterse a la pera 80 millones de euros y dilapidar hasta 1.200 millones? No conocen ni el sentido de la medida ni el pudor. Recuerdo que Voltaire decía algo como «cuando la enfermedad afecta al cerebro, la enfermedad es casi incurable». Así es la vida.