Manoseo constitucional

Que el gabinete de Mariano Rajoy no se ha dedicado precisamente a mirar nubes desde una hamaca durante su primer año de mandato es casi de perogrullo; ha gobernado y mucho guste más o guste menos y ahí están los sondeos para confirmar el desgaste. Y que el elenco de iniciativas legislativas previsto para 2013 –reforma de la Administración pública a la cabeza– tampoco dará margen para tomarse un respiro es una evidencia. Pero las mayorías absolutas no siempre son cómodas.

En momentos especialmente difíciles para un país, las rígidas y hasta extremas medidas adoptadas por su Gobierno pueden albergar en muchos casos la sospecha de inconstitucionalidad; y es posible que eso es lo que esté ocurriendo ahora en España, pero ello no justifica la sistemática interposición de recursos ante el TC desde todas las direcciones –incluida en algún caso la del propio Gobierno– con las consiguientes consecuencias.

A día de hoy, el Gobierno estudia los tiempos de su respuesta al desafío soberanista catalán, esto parece lógico se mire por donde se mire desde un Estado de Derecho. Pero hay elementos más que sobrados para lamentar el exceso de garantismos.

El actual Gobierno en tan sólo un año ha visto más recursos contra sus decisiones que los gobiernos de ZP y Aznar juntos. Hablamos de temas como los peajes, la elección de presidente de RTVE, la supuesta desatención a inmigrantes, la amnistía fiscal, las pagas extras funcionariales, la reforma laboral y un largo etcétera.

Al final, queda el dicho de «pleitos tengas y los ganes» y queda un manoseo de la Carta Magna que en casos como los recursos presentados en el último año acaban manifestando un más que notable tufo de estrategia partidista. El TC no siempre acierta del todo –y ahí está el caso Bildu– mayor razón para no sobrecargarle con procesos que hasta pueden tardar años.