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Matar al padre

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Tiempo de lectura 2 min.

18 de marzo de 2019. 23:40h

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Tomás Gómez 18/3/2019

Ya están ajustados los mensajes de la campaña electoral y parece que el miedo va a ser el protagonista, tanto en la derecha como en la izquierda.

Pablo Casado está realizando un intento de “voxificar” el PP, pero lejos de conseguirlo, está generando cierta confusión ideológica. Quiere transmitirnos que es ideológicamente más conservador que Rajoy, que ha quedado atrás la tecnocracia y el pragmatismo, aunque no sabemos qué opina exactamente de los temas controvertidos. Véase, por ejemplo, el aborto, la extensión de idénticos derechos civiles a los homosexuales o la igualdad de la mujer.

Sabemos que Casado compite con Vox por una parte de su electorado, pero, por increíble que parezca, le ha solicitado que no se presente en las circunscripciones en las que no va a sacar escaño con el argumento de que le puede hacer perder alguno a él. Es como afirmar: “soy lo mismo que Vox”.

Supongo que Vox no retirará ninguna candidatura, porque si el PP es lo mismo que Vox, mejor el original que la fotocopia.

En realidad, la única preocupación del líder popular ha sido acabar con la era anterior de su partido y sus protagonistas. En cuanto al discurso público se ciñe al del miedo, si no se vota al PP vuelve el PSOE a poner en peligro España.

Probablemente en la calle Génova no son conscientes del error que supone ser un tercio de algo que no se sabe bien qué es. Les vuelve no identificables y, desde luego, le inhabilita para competir con sus socios-adversarios a los que se quiere parecer.

También el PSOE, con todo el viento a favor, está ciñendo su estrategia electoral apelando al miedo, en este caso a la emergencia de la extrema derecha. Pide la movilización del electorado en torno al voto útil para frenar a los radicales.

Parece increíble que Vox, a pesar de su discurso duro e irreconciliable con la exigencia de los mínimos Derechos Humanos, esté determinando de esta manera la escena política.

Quizá sea porque, unos y otros, dedican todos los esfuerzos a liquidar a todo el que, según su criterio, se equivocó en el voto de los respectivos procesos internos.

Grandes parlamentarios socialistas, como, por ejemplo, Urquizu o Pradas, han sido vetados y apartados de la política institucional y ex dirigentes como Elena Valenciano o Pepe Blanco purgados de las listas. Todo ello responde a un intento de arrancar páginas del libro en el que escribe el PSOE, lo próximo será ver como desaparecen de las fotografías en la web.

PP y PSOE han renunciado a generar un proyecto ilusionante que hubiese sumado a todos, a los que votaron una cosa y a los que votaron otra, pero lo importante suele ceder el paso a lo urgente, tocaba matar al padre.

Ahora bien, la orfandad, así adquirida, viene tan completa de violencia, como carente de construcción intelectual. Ganará el que genere más miedo, lástima que no lo haga el que más ilusione.

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