Míreme a los ojos

La hora de la verdad. Indiscutiblemente. Inaplazablemente. Hay que empezar por lo más importante. Y en orden. No existen indicios –ni uno solo– que permitan vincular los presuntos sobresueldos a los altos mandos del Partido Popular con los fondos evadidos a Suiza por el señor Bárcenas. Ésa es la verdad, por mucho ruido y furia que se obstinen en generar los socialistas; por mucho barro que se empeñen en poner en la pista los palanganeros de casi siempre al servicio de los intereses del puño y la rosa.

No le demos más vueltas. El partido de la gaviota está siguiendo los cauces pertinentes, adecuados, los que tocan para la resolución de una crisis histórica. Y la justicia está en lo suyo: guiada por la proactividad y la diligencia pero no por los nervios ni por el histerismo ni por los impulsos vanos y flor de un día o de una noche.

El jefe de la caja debe hablar. Debe explicarse. Mirando a los ojos de Ruz. Debe detallar con pelos y señales cuánto dinero llegó hasta sus manos, de dónde venía, en qué formato y qué hizo con él. No hay vuelta de hoja. Por el bien de la derecha española. Por el bien de una sociedad civil que está hasta el copete de la corrupción. Y por el bien de una democracia que tiene sed de una regeneración que no termina de llegar ni siquiera de asomar.

Este país no está en tiempo de broncas, de dimes y diretes, de rebuznos. Al contrario. Toca la responsabilidad, el orgullo, la limpieza, la transparencia, la honestidad y la honradez. Y toca que los tribunales, con la cabeza fría, metan en la cárcel a quien haya hecho méritos para ingresar en la trena; y que paren los pies a los estafadores que denuncian, ante la más absoluta ausencia de pruebas, la financiación ilegal de los mandados de Rajoy. Señor Rubalcaba, el que tiene hambre sueña bollos. ¿Todavía no se ha enterado?