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Misión cumplida, por Álvaro Redondo Hermida

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Tiempo de lectura 4 min.

19 de noviembre de 2017. 12:36h

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Álvaro Redondo Hermida 19/11/2017

Hace unos días estuve en Montevideo, participando en un acto académico con ocasión de la entrada en vigor del nuevo código de procedimiento penal. Allí comprobé una vez más el gran afecto que los pueblos iberoamericanos tienen por los españoles, y el respeto que el Derecho y la Justicia de esta tierra alcanzan al otro lado del Atlántico.

En esa ocasión, el Fiscal General del Uruguay me adelantó la noticia del próximo viaje del Fiscal General del Reino de España, que asistiría a un Congreso en Buenos Aires, para luego pasar unos días de visita en Uruguay, invitado por nuestros colegas de dicha entrañable nación. Hace unos momentos he recibido, por el contrario, la noticia del fallecimiento en la capital argentina del gran jurista Don José Manuel Maza, Fiscal General de España.

Don José Manuel ha escrito su insigne nombre en la lista de grandes magistrados, que partiendo de la Carrera Judicial, entregaron al Ministerio Público sus mejores esfuerzos. Es difícil imaginar qué sensación de entrega, de misión cumplida, de satisfacción por el trabajo hecho y de ansias por culminar su labor, puedan haber acompañado el espíritu de José Manuel en los postreros momentos de conciencia. Lo qué sí sabemos es la impresión que a nosotros nos ha causado la noticia, que nos habla de la inesperada e injusta interrupción de su trayectoria, cuando visitaba el Nuevo Mundo para representar nuestra ley, nuestros valores, nuestra concepción de la libertad y la justicia.

José Manuel encarnó la figura emblemática del magistrado independiente e imparcial, que no se deja presionar por los poderes públicos en el cumplimiento de la ley. Una ley entendida como el mandato del pueblo, que debe cumplirse como es, sin adaptarse a la cambiante opinión pública, ni convertirse en el reflejo de pasiones políticas ni opciones coyunturales. Una ley igual para todos, promovida por Fiscales imparciales, aplicada por jueces tan responsables como independientes, cumplida por ciudadanos conscientes de que el imperio del Derecho es la base de la paz social.

José Manuel Maza transmitió en su gestión una imagen del Ministerio Público enaltecida, propia de un orden jurídico avanzado, donde el Fiscal, como promotor de la justicia, asume el protagonismo que la Constitución ha querido para él: la del defensor de la ley, valedor de los derechos fundamentales, guardián de la independencia de los Tribunales. José Manuel hubo de hacer frente a situaciones límite de nuestro sistema, que desafiaban la capacidad de la ley para resolver los conflictos. Como Fiscal General acudió a las mejores tradiciones y a la técnica jurídica más depurada, promoviendo actuaciones ajustadas a la ley, en busca de la mejor solución de los problemas, que es en definitiva el objetivo del Derecho.

Algunas de sus iniciativas sorprendieron a la opinión pública, porque hubieron de resolver planteamientos inéditos en nuestra historia, exigiendo dedicación, profundidad intelectual y altura de miras. Su comunicación abierta y cordial, en relación con situaciones de obligado debate, constituyó un referente ineludible. La opinión del Fiscal General pasó a gozar de una presencia relevante en los medios, como corresponde a una magistratura esencial para la democracia.

Es difícil comprender las razones que la vida se reserva, al permitir que ocurran acontecimientos luctuosos como el que nos sobrecoge. Podemos afirmar que el ejemplo profesional de Maza integra el acervo inmortal de la mejor de las tradiciones. La riqueza de su pensamiento motivada desde la convicción y la ecuanimidad, y la humanidad de su persona en toda su dimensión, van de la mano de la cercanía del hombre amigo, del colega intachable.

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