Olía a podrido

El dopaje no ha sido condición exclusiva del deporte español, pero el número de casos positivos, especialmente en ciclismo y atletismo, llegó a crear en los medios de comunicación europeos la sensación de que ninguno de los numerosos triunfos conquistados había sido a ley. La «operación Puerto» destapó un negocio del que se beneficiaban no sólo los deportistas, sino también otros individuos cercanos a ellos como directores de equipos ciclistas y médicos. El juicio al que están siendo sometidos los principales implicados parece el clásico ventilador que expande porquería a babor y estribor. Hay personajes que pretenden irse de rositas con teorías nada creíbles.

Me han sorprendido las declaraciones de Vicente Belda, quien ha recordado que a sus corredores no se les pilló nunca con el hematocrito alto. Belda dirigió el equipo ciclista Kelme, que patrocinó la Comunidad Valenciana para evitar que desapareciera dado que los propietarios del mismo habían abandonado. Esteban González Pons, a quien como conseller le cayó el problema del equipo ciclista, decidió que acabara la protección del mismo. Belda, quien ahora se considera víctima, proclamaba en sus tiempos que los ciclistas no corren con platos de macarrones.

En aquellos años tempestuosos había quien se atrevía a pedir veinte millones de pesetas, en negro, y su versión no podía ser más perversa. La excusa no estaba en pagar a quienes administraban el dopaje, sino a quienes habían de hacer los posteriores análisis. Era acusar de cohecho a analistas. En el caso del Kelme, el citado González Pons cortó por lo sano. El ciclismo le olía a podrido.

Posdata. Al ex valencianista Gago, tanta gloria le dé Dios como descanso deja en el club de Mestalla.