Fútbol

Medellín

Por el Chape

La Razón
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A medida que se van conociendo más datos sobre la tragedia del avión que transportaba al equipo de fútbol Chapecoense, más cuesta imaginar que tantos errores pudieran concatenarse hasta acabar como acabó aquel vuelo. Hasta en cinco ocasiones fueron advertidos tanto la línea aérea como los pilotos de que no debían despegar y, aun así, lo hicieron; sabían perfectamente que llevaban el combustible justo y, aun así, despegaron; sabían que no les quedaba cuando la controladora les comunicó que se anulaba su pista para dársela a otro aparato y, aun así, callaron. Imposible encadenamiento que, aun así, pudo suceder y sucedió. Uno se pregunta inmediatamente cómo un ser humano, o dos, o diez, pueden poner en riesgo tantas vidas confiando a la suerte que todo salga bien. Uno se pregunta por qué prefirió matar a tanta gente antes de ser sancionado, o retirado, o pasar un tiempo en la cárcel. Pero más allá del horror de que tantas vidas, sueños y familias estén a esta hora destrozadas, nos queda lo bueno. El fútbol descubre lo más mezquino y a la vez lo más edificante. Descubre a millonarios defraudando las arcas públicas, a clubes asistiendo al fraude mirando hacia otro lado, a equipos que sucumben al dinero vil y lo anteponen a los millones de sentimientos con los que juegan. Y a la vez, saca a la luz extraordinarias circunstancias. Por ejemplo, la ocurrida en el estadio del Atlético Nacional. A la misma hora en la que debía disputarse el partido de ida de la final de la Copa Sudamericana, decenas de miles de personas se citaban para animar al malogrado club brasileño en Medellín. No jugarán ese partido aunque les obliguen. Se marcarán goles en propia puerta, sacarán a chavales. San Lorenzo de Almagro, el equipo al que apearon de esa competición, vestirá sus camisetas este fin de semana. Y así, gestos en muchas partes del mundo. Bendito el fútbol cuando recurre al deporte.