Cataluña

Por un nuevo relato

La Razón
La RazónLa Razón

El problema no es Catalunya, el problema es España. No hay solución, a corto plazo, al desafío separatista, una vez constatado que el diálogo es difícil, la aplicación exclusiva de medidas legales no asusta al soberanismo y el anhelo independentista sigue presente en el corazón de muchos catalanes. Un nuevo relato de las relaciones entre Catalunya y el resto de España debe empezar a comunicarse para evidenciar que lo que para la mitad de los catalanes representa un freno o un obstáculo para Cataluña es, en realidad –y así lo ha sido desde hace siglos–, una enorme ventaja. España se convirtió en los siglos XVIII y XIX en destino principal de los productos catalanes y el comercio con América una de las claves más relevantes del desarrollo de Cataluña durante esos siglos. Durante el siglo XX la integración de la economía catalana con la del conjunto de España no ha dejado de crecer y actualmente la economía catalana no se entiende fuera del contexto español y europeo. Con demasiada frecuencia la «diferencia» catalana ha sido asumida como una particularidad tanto desde Cataluña como desde el resto de España, y esta visión debe dejar de ser percibida como una particularidad y ser asumida como un elemento consustancial a la naturaleza plural de España. Ya llevamos muchos años del llamado «procés» y los que defendemos la legalidad y la Constitución hemos sido incapaces de generar lemas o motivos positivos, y en cambio hay una idea generalizada de rechazo al concepto de España entre una parte importante de los catalanes, y de forma mayoritaria entre los catalano parlantes, tal y como se ha visto en las elecciones. Ya no son la crisis ni la corrupción, sino la incapacidad de generar ilusión hacia la idea de España lo que lleva a la desafección de casi la mitad de los catalanes, mientras sólo se han vertido amenazas jurídicas y judicializado la política catalana de forma excesiva y todo ello sin una campaña de comunicación eficiente por parte de nuestra administración central.

La imputación y cárcel de una parte del govern de la Generalitat suspendida por la aplicación del artículo 155 y el exilio de la otra mitad, la agitación de las calles promovida desde los medios públicos durante la funesta jornada del 1 de octubre y su propaganda masiva a través de las redes sociales que impactó en todas las cancillerías europeas y a los medios de comunicación mundiales, y complementado con la educación y la cultura al servicio de la secesión, están siendo demasiados frentes para un relato que entusiasme a una masa importante de catalanes que abjuraron de España.

Superar la conllevancia decimonónica y asumir un relato integrador en que se entienda la catalanidad como parte consustancial de la identidad española es el proyecto fundamental que debe ser aceptado por la mayoría de la sociedad española. Los catalanes necesitan sentir que España es también suya y para eso debemos trabajar un nuevo relato para realzar los valores de la catalanidad, hispanidad y el sentimiento europeo de forma equilibrada con un nuevo relato histórico, como garante de la unidad y la diversidad de la nación española.

El nuevo relato de España debe ser capaz de escribirse, también, en catalán.