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PSOE de las Jons: los camaradas se tutean

Tiempo de lectura 2 min.

15 de mayo de 2017. 21:46h

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Lucas Haurie 15/5/2017

Difícilmente podrá el PSOE despojarse del tufo de partido único que desprende en Andalucía, donde ni los más acérrimos fieles niegan ya que encabeza un régimen, si sus aspirantes al liderazgo mantienen costumbres tan arraigadas en la tradición falangista como el tuteo (también se llamaban entre ellos camarada). Es lo que tenía la herencia cuartelera, la de los asilvestrados africanistas y no la de nuestros formados militares de hoy, que la educación sólo era exigible de abajo hacia arriba. Cuarenta años después de que Felipe González renunciase al marxismo y al cargante vocativo «compañero», regresan sus pretendidos sucesores a esa falsa cercanía chabacana en la que ni siquiera caben elementales muestras de cortesía. «No mientas, cariño», le llegó a espetar Susana Díaz a Pedro Sánchez, quienes más parecían dirigirse a la chusma de «Sálvame», pero desde un plató con reminiscencias soviéticas, que a la vanguardia militante y pensante de la izquierda. Se asimila, por mera analogía vecinal, a los dos nombrados y a Patxi López con Hamon, Valls, Macron, Hollande y demás protagonistas del psicodrama del socialismo francés, pero con el nivelito dialéctico e intelectual que exhiben, los de aquí apenas podrían acarrear cafés en una sede rural de allí. Excusez-moi bien de vous le dire. Si el cambio que propone el todavía primer partido de la oposición consiste en la interpelación verdulera y el desaliño indumentario, va a ser que los españoles preferirán seguir como están. Pero es muy posible que los andaluces se aventuren lanzarse al abismo de la alternancia, ese territorio inexplorado. La semana va a ser de oración petitoria e infarto en San Telmo, San Vicente y demás catedrales del poder autonómico. El aparato se ha averiado y los ánimos están rebrincados.

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