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Rodeados

Tiempo de lectura 2 min.

26 de mayo de 2017. 00:49h

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Julián Redondo 26/5/2017

Ni pitos ni flautas ni esteladas, burbujas que hace un año agitaban la final de Copa yacen deshinchadas en el fondo de ese cáliz, que apesta a talibán, a horas del acontecimiento. Hasta que alguien les dé aire o la actualidad les conceda un respiro. Y cuidado con la actualidad, que está reventona. Sandro Rosell, en chirona porque la juez, alertada por varias escuchas telefónicas, colige que el pájaro puede volar y lo mete en la jaula bajo siete llaves. Messi, cada día más asustado porque esos 21 meses de cárcel que penden sobre su cabeza le incomodan, a él y al más templado. Isabel Pantoja vistió el camisón de rayas con una sentencia de dos años y Jaume Matas, el pijama, por unos meses menos. Griezmann, que canta la traviata en Francia y el chotis en Madrid. Que me voy con Mourinho al Manchester United porque quiero ganar títulos, pero me quedo con Simeone. Que se «jarte» de fósforo. No hay club en el mundo que le garantice ante notario un trofeo de campanillas cada temporada, léase el Barça o el Madrid. Su argumento para salir pitando del área rojiblanca es una hipótesis, tan chorra como ésta otra: si no hubieses fallado aquel penalti en la final de Milán, el Atlético podría disfrutar de su primera Champions, o Copa de Europa, y el Madrid tendría una menos.

Estamos rodeados y mentar la bicha no ayuda a mantener la paz ni a conservar el ecosistema. En época de rumores, de fichajes imposibles y traspasos inconcebibles, es menester conservar la calma y evitar peleas gratuitas. Que las mentiras, Rosell, tienen las patas cortas.

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