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Si los tontos volasen...

Tiempo de lectura 4 min.

03 de enero de 2017. 23:00h

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Julián Cabrera 3/1/2017

Podríamos cambiar el sujeto del refrán popular catalán cantado por Pi de la Serra «si els fills de puta volasen...» y probablemente hasta estaría más justificado. Basta simplemente con contemplar la polémica a propósito de la manipulación partidista del 525º aniversario de la toma de Granada para colegir que en España «si los tontos volasen no veríamos el sol». Resulta que una efeméride íntimamente ligada a la creación de una gran nación –la nuestra– se convierte en arma arrojadiza de nuevos intérpretes de la historia desde la trinchera del revisionismo partidista. No basta, desde las filas de IU y Podemos, con poner en cuestión hitos de la historia reciente como la propia transición política a la que ha llegado a tacharse de «pacto de las élites», si es preciso se tira de páginas del pasado, desde Prim hasta Viriato para denunciar el genocidio de las indias, destapar la conspiración de la casta en la muerte de Favila a garras de un oso o sencillamente señalar el fin de la Reconquista, marcado por la entrega de Granada hace 525 años a los Reyes Católicos a cargo de Boabdil como una persecución al mundo musulmán que hoy no debemos celebrar.

La esquizofrenia es tal que hemos tenido que presenciar a grupos de extrema derecha arrogarse en propiedad una conmemoración que es de todos los granadinos y españoles frente a unas voces críticas procedentes, como no podía ser de otra manera, de la izquierda más radical. Las tensas escenas vividas alrededor de algo tan legítimo como el desfile de un tercio de la legión o tan relativo como una comparsa de moros y cristianos habrían hecho las delicias de Luis García Berlanga, pero la realidad es bastante más patética. El mismísimo alcalde socialista de Granada, Francisco Cuenca, en un alarde de debilidad y oportunismo se posicionaba junto a las minorías de Podemos e IU contra la conveniencia de conmemorar tan «lamentable» episodio. Me pregunto si en el Ejecutivo valenciano de Puig –PSOE– y Oltra –Compromís– se acabarán planteando alguna iniciativa contra las fiestas de moros y cristianos.

La alienación ha afectado incluso a relevantes políticos como Esperanza Aguirre, que he de confesar me sorprendía pasándose de frenada con un tuit que la sitúa a la altura de aquellos a quienes pretendía señalar. Es cierto, Esperanza, que con el Islam las españolas no tendrían las mismas libertades, pero no da la impresión de que Isabel la Católica se estuviera levantando todas las mañanas antes de tomar Granada muy preocupada por los derechos y libertades individuales de las mujeres. Va a ser que la «operación Granada» era otra.

Resulta curioso el ostracismo al que, en contraste con otros países, se ha sometido en industrias como la del cine a grandes nombres españoles de la historia universal como Blas de Lezo, el gran capitán y un amplio elenco. Tal vez por ello se explique que sólo epopeyas como la de los últimos de Filipinas tengan cabida en nuestro séptimo arte, al fin y al cabo, héroes pero derrotados; no hay genocidio que se les pueda reprochar.

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