Publicidad
Publicidad
Actualidad

Símbolos

La libertad de uno termina donde empieza la del otro. Una cosa es lo que diga la Justicia y otra el sentido común. Lo primero sirve para facilitar las relaciones laborales y, lo segundo, para mejorar o no empeorar las personales.

Publicidad

En una época en la que tanto se defiende a la mujer y se enarbola la bandera de la igualdad, ¿cómo es que no enfocamos el tema del velo en este sentido? En el Islam, sólo ellas lo llevan. En cambio, los católicos pueden llevar una cruz independientemente de su género. ¿A favor o en contra de que una mujer musulmana lleve velo en su puesto de trabajo? El velo es un símbolo religioso que se ve a las claras, ergo si queremos igualdad y respeto para todos, los símbolos ya sean religiosos o políticos (por ejemplo, la esvástica), no deberían permitirse en el entorno laboral excepto que, en esa empresa, nadie se sienta discriminado o incómodo, para lo cual la dirección debería consultar a todos los empleados –también debería tener en cuenta la opinión de los clientes sí el trabajo se hace de cara al público–.

El uniforme en los colegios es una medida práctica ya que tanto el rico como el pobre visten sin diferencias en el recinto escolar, esto es, «se iguala hacia arriba». ¿Dónde termina el respeto y empieza el buenismo que lleva a la pérdida de derechos por parte de unos? Si en una empresa se tolerase el velo, ¿estarían obligados a tolerar que, por ejemplo, alguien escogiese ir vestido de Cid Campeador, de prostituta, o en bañador? No es una burla, es una suposición.

Por ejemplo, terapeutas, abogados, médicos... deben tolerar que sus pacientes vistan como quieran, incluso llevar velo, siempre que su vestimenta no sea irrespetuosa u ofensiva y huelan bien. En cambio, en un espacio global, todos los símbolos que signifiquen algún tipo de represión o discriminación no deberían ser autorizados. Bastante complejas son de por sí las relaciones interpersonales.