Singularidad

Si hay en España un grupo humano capaz de acuñar uno tras otro términos vacíos cuya única finalidad es ocultar y aumentar privilegios injustificados es el nacionalismo catalán. Ya antes de la Transición, se hablaba del «hecho diferencial». A decir verdad, nadie era capaz de explicar cuál era porque, a simple vista, se percibe que un señor de Reus es igual que uno de Logroño o de Alcorcón y puestos a buscar lenguas minoritarias en España hay otras aparte de ese hermoso dialecto del provenzal codificado por Pompeu Fabra. Con todo, el término sirvió para tejer un sistema que llevaba en su seno una verdadera bomba de relojería. Con el paso del tiempo, el «hecho diferencial» se gastó porque – la verdad sea dicha– era una memez absoluta y Maragall comenzó a lanzar un nuevo mantra nacionalista que era el del «federalismo asimétrico». Encarnado en el actual –e inconstitucional– Estatuto de Cataluña, el denominado «federalismo asimétrico» no era sino el taparrabos de un intento despiadado por saquear España en beneficio de las oligarquías nacionalistas. Pero como la bestia nacionalista es insaciable, también el término se quedó obsoleto. Ahora ha llegado la época del «régimen singular». Confieso que esta nueva necedad verbal me causa una irritación especial. En primer lugar, porque quien ha lanzado al aire el despropósito milita en el PP y no en una formación nacionalista y, en segundo, porque implica, fundamentalmente, la pretensión de que Cataluña quede totalmente en manos de la oligarquía nacionalista; que ésta pueda seguir gastando sin ton ni son – Cataluña ya representa más del treinta por ciento de la deuda total de las CCAA– y que contribuya todavía menos a unos gastos generales que la benefician descaradamente y que, por último, cada vez que entre en quiebra, como en la actualidad, el resto de España pague las facturas sin rechistar. A pesar de todo, debo reconocer que todos y cada uno de los términos tienen su punto de verdad. Es ciertamente «diferencial» que España sea la única nación del mundo donde dos regiones como las Vascongadas o Cataluña disponen de patente de corso para desobedecer la Ley y vaciarnos las arcas a todos. Es «asimétrico» que una región disfrute de privilegios frente a las otras. Es «singular» que semejantes atropellos, propios de una monarquía anterior a la Revolución francesa, se alienten y, sobre todo, se consientan. Cuestión aparte es que, por añadidura, resulte vergonzoso, bochornoso e intolerable en una sociedad que, por definición, debería estar formada por ciudadanos libres e iguales.