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Superdomingo

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Tiempo de lectura 4 min.

13 de febrero de 2019. 03:00h

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Tomás Gómez 13/2/2019

Todo se está acelerando en los últimos días. La crisis del relator, la manifestación convocada por el tripartito formado por PP, Cs y Vox y el casi seguro fracaso de la tramitación de los presupuestos hoy, ha provocado que en los entornos más próximos a Pedro Sánchez se empiece a preparar el superdomingo electoral.

También los aliados del presidente se están preparando. Pablo Iglesias, de baja por paternidad, lleva ausente de la escena política algunas semanas, de hecho, ni siquiera acude a los Consejos Ciudadanos de Podemos, pero sí estuvo en el Palacio de la Moncloa toda la mañana en la que surgió la última crisis acerca de la gestión de Cataluña.

Podría haber ido su persona de máxima confianza, Irene Montero, pero prefirió ir él, porque es el que más conoce psicológicamente al líder socialista y, seguramente, quería sacar su propia conclusión sobre un posible adelanto electoral para poner en marcha a su organización.

Nunca un líder desperdició una ocasión tan clara para consolidarse como lo ha hecho Pedro Sánchez. Cuando se produjo el desalojo del Partido Popular del gobierno, después de la fatiga de los últimos años y de la sentencia del «caso Gürtel», se vio como una necesidad e incluso supuso un alivio para algunos votantes conservadores.

En ese momento, debería haber convocado a las urnas y, probablemente, el PSOE hubiese obtenido los votos suficientes para gobernar. Pero Sánchez no se fió y se agarró a un clavo ardiendo para mantenerse en el gobierno después de aquel día.

Probablemente, con esa decisión, firmó su propia sentencia. Estos meses han demostrado que se equivocó y llevó a un callejón al PSOE.

Los independentistas van a derribar los Presupuestos Generales del Estado y el tripartito de derechas va a acelerar la presión para acelerar la caída del gobierno. Pablo Casado cree que la cuestión catalana le hará recuperar a la maltrecha organización popular, pero también se equivoca, solo le va a servir a Vox, que ha cogido el liderazgo, mientras que el PP se ha convertido en un seguidor incondicional.

Ante esta situación, pocas opciones le quedan a Sánchez. La mejor fecha para acudir a las urnas es el día de las elecciones municipales. El equipo electoral del presidente empieza a ver todo ventajas. En primer lugar, supone intentar aprovechar el tirón de los candidatos locales, especialmente alcaldes y presidentes, es sabido que el gobierno da un plus de partido.

En segundo lugar, si el día va bien, lo irá para todos y su victoria será la que represente a la de todos, además de convertirse en el artífice de la misma.

Por otra parte, si la cosa va mal también será colectiva y pocos tendrán autoridad para señalar responsable al gobierno porque estarán demasiado débiles como para ello. En definitiva, lo que indica la lógica es que habrá anticipo y en mayo habrá más urnas de lo previsto en todas las mesas electorales.

Solo tiene interés en que no se convoque Podemos, por su propia lucha cainita y el PNV, que le recordará a su debido tiempo lo que les prometió en la moción de censura.

Lo único que queda por saber es cómo afectará esto a los miles de candidatos socialistas a las alcaldías y a las comunidades autónomas que están convocadas. De momento, lo que se intuye, es que la noticia de que a los candidatos locales se les va a juzgar en las mismas urnas que a Pedro Sánchez, no les va a hacer mucha gracia, porque se les pueden castigar por lo que no merecen. Quizá, en lugar de subir el presidente gracias a ellos, les haga caer con él.

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