«Txapote» en casa

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Francisco Javier García Gaztelu, alias «Txapote», formaba parte de la dirección de ETA cuando se planeó y ejecutó el asesinato de mi hermano, el dirigente socialista Fernando Buesa. Fue él quien dio las órdenes para que tres militantes de la organización terrorista lo hicieran; y así se acreditó en el juicio que le condenó por ello. Así pues, soy una persona directamente interesada en todo lo que pueda ocurrir con este asesino.

«Txapote» regresó por una hora, hace ya unos días, a casa para visitar a su padre enfermo, autorizado por el juez José Luis Castro, quien se ocupa de la vigilancia penitenciaria en la Audiencia Nacional. Me entrevisté con este juez –que me recibió con prontitud, deferencia y amabilidad– antes de que ese acontecimiento tuviera lugar para expresarle mi punto de vista sobre el asunto. Esto es, en esencia, lo que le dije: No albergo el menor sentimiento de odio hacia el asesino «Txapote». Más bien, me resulta indiferente. Mi preocupación es de naturaleza política, pues este individuo no sólo es miembro de ETA, sino que forma parte del ala dura de la banda, dispuesta a continuar con la campaña terrorista. Por eso, la concesión de un permiso extraordinario podría tener una lectura política y ser considerada como una claudicación, una forma de apaciguamiento cuando está en juego el final de ETA. De ahí la conveniencia de denegarlo. El juez Castro me respondió que él no podía entrar en consideraciones de tipo político y que yo debía comprender que el permiso estaba avalado por la aplicación de la ley en las circunstancias concretas del caso. Me señaló, además, que el asunto se había dilatado durante meses y que ya no cabía ninguna acción legal que pudiera demorarlo más. Y me dijo que se habían tomado todas las medidas necesarias para evitar cualquier manifestación pública de apoyo al terrorista con motivo de la visita a su padre, de manera que ésta se haría con la discreción necesaria y por el tiempo mínimo posible. Y así fue, según he podido leer en la prensa, de modo que el hecho no ha tenido la menor repercusión política.

Le estoy agradecido al juez Castro por recordarme que la Ley nos alberga a todos, incluidos los ciudadanos que cumplen condena en prisión, y que, por ello, incluso los terroristas encarcelados tienen derechos que han de ser respetados. Esta es la grandeza de nuestro sistema democrático. Sin embargo, leo que algunas víctimas del terrorismo se revuelven contra la decisión del juez Castro empleando como argumento que los muertos por «Txapote» nunca podrán regresar a casa. Pienso que quienes así se expresan esperan de la Justicia más la venganza que el castigo, sin saber que no existe modo alguno que pueda restaurar lo que perdimos, pues hay crímenes irreparables que ni siquiera la venganza más cruel puede enmendar. Nuestra insatisfacción como víctimas no debería provenir de que la Justicia cumpla sus reglamentos, sino de que quienes justifican a los asesinos acampen en las instituciones.