Política

Un desafío por etapas para romper España

El desafío independentista puede afrontarse con inteligencia o con visceralidad. No estamos ante una cuestión menor, ya que es más preocupante que el fracasado «Plan Ibarreche». Lo más importante es identificar cuál es la estrategia real del líder de ERC, Oriol Junquera, que es quien realmente mueve los hilos. Hasta el momento, hemos visto una puesta en escena impactante donde no es un partido en solitario, sino varios y en el marco solemne del Palau de la Generalitat. A pesar de ello, es un primer acto en el que Junquera mueve las marionetas sabiendo que caminan a un fracaso. Artur Mas sigue disciplinadamente la senda que le marca el líder de ERC. Mas es un instrumento tan útil como imprescindible, pero sería un error otorgarle un papel mayor del que tiene. Es cierto que se siente cómodo como «padre» de la independencia, y al igual que cualquier converso, tiene una fe desbordante, aunque sea en una mala dirección. Los protagonistas del acto independentista del Palau eran políticos con unas trayectorias profesionales muy flojas fuera de la política. Es algo que pone de manifiesto el nivel de una clase política que se ha profesionalizado en el peor de los sentidos. Los que quieren romper España son personas cuyo horizonte vital se basa en vivir de la política.

Los historiadores que se dedican a la investigación son generalmente muy pacientes, porque saben que la búsqueda de datos en un archivo precisa de largas horas entre legajos. El tiempo corre de una forma distinta. Junqueras es un historiador, aunque hace algún tiempo que su ocupación principal es la política y, sobre todo, la fijación por la independencia. En este caso su formación es muy interesante en este complejo y manipulado proceso que ha puesto en marcha porque no tiene prisa. No es un político al uso y su ambición no es tener un cargo, sino conseguir la independencia. Durante un tiempo, investigó en los archivos del Vaticano y está acostumbrado a pasar muchas horas sentado en una mesa leyendo datos intrascendentes a la espera de la oportunidad.

Es evidente que el proceso que pretenden poner en marcha es inconstitucional y que Rajoy, además, no aceptará el referéndum bajo ninguna circunstancia. Es algo en lo que coincide con Rubalcaba. Estamos ante un proceso que divide a la sociedad catalana y que se basa en engaños históricos y mentiras sobre la posición real de Cataluña dentro de España. Durante los dos últimos años se ha creado un estado de excitación política por el que se ha convencido a una parte de la sociedad catalana de las bondades de una independencia que sería un desastre para Cataluña, que se quedaría fuera de la Unión Europea. Los que estaban en aquella fotografía no tienen nada que perder porque no se juegan nada. No son empresarios o profesionales que puedan verse perjudicados, sino políticos de partido que se sienten muy cómodos inmersos en un debate evanescente e irracional. No se quedarán sin trabajo, porque no tienen otra actividad que la que están desarrollando en la actualidad.

La situación es muy grave, porque han conseguido fracturar a la sociedad catalana y han perjudicado la imagen de Cataluña en el resto de España. En el año 2013 es un debate absurdo, porque Europa necesita unión frente a desunión y nadie quiere que se convierta en un mosaico ingobernable de territorios para satisfacer las veleidades independentistas de unos políticos que han gobernado Cataluña de forma desastrosa. Los datos reflejan muy bien la incompetencia de los últimos años. La primera etapa es forzar el ordenamiento constitucional con lo que denominan un «desafío democrático». Lo que quieren es acumular agravios e instalarse en el victimismo para alegar que este marco es insuficiente y convocar unas elecciones plebiscitarias que podrían conducir, incluso, a una declaración de independencia unilateral. Un callejón sin salida.