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Un nuevo Estatut

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20 de julio de 2018. 02:15h

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Tomás Gómez 20/7/2018

Los partidos políticos en España son muy presidencialistas, mucho más cuando alcanzan el gobierno. Las estructuras internas intentan proteger al líder frente a cualquier crítica que le pueda desgastar, además, tienden a no cuestionar las decisiones que toma quien, por otra parte, más tiene que perder.

El pasado martes, en la sesión de control, el Sr. Sánchez afirmó que la salida de la crisis catalana pasa por votar. No concretó exactamente qué ha de votarse, pero apuntó expresamente a un nuevo Estatut.

El independentismo catalán ha convertido la política territorial en un frenopático que requiere soluciones imaginativas y, seguramente, Moncloa ha priorizado sus esfuerzos en diseñar unas cuantas alternativas. El problema es que, en democracia, uno no hace lo que considera mejor, sino lo que puede y le dejan los demás. Las mayorías absolutas no gustan porque pueden terminar siendo despóticas, pero, a menudo, cuando quien gobierna es una minoría, suele ser demasiado débil como para sacar adelante la solución a los problemas.

Cuando el PSOE ganó la moción de censura tenía claro que los nacionalistas vendrían con todo el instrumental para sacar lo suyo. También suponía que daría igual lo que hiciese, porque tanto el PP como Ciudadanos tenían el discurso construido ya que, a fin de cuentas, los votos que apoyaron al Sr. Sánchez venían de donde venían.

El debate en el Parlamento sobre la situación en Cataluña cumplió las expectativas y se resolvió con duras críticas desde la derecha política, en ese tema Ciudadanos se siente cómodo, y la amenaza de los independentistas de retirar su apoyo al gobierno si no se avanza en la autodeterminación. El Gobierno tiene más de una decena de borradores de reforma de la Constitución y otros tantos sobre un nuevo Estatut. Los expertos apuntan a diversas posibilidades de votación de lo uno y lo otro dentro del marco legal. El problema real es que no existen condiciones políticas para sacar adelante ninguna de ellas.

La estrategia monclovita podría pasar por fijar una hoja de ruta para la próxima legislatura, cuestión que tendría más sentido si lo que se quiere es resolver seriamente los problemas. Lo malo de ello es que cualquier propuesta sensata puede quedar dinamitada y quemada para el futuro por el independentismo, que vive mejor en la confrontación que en el acuerdo y por el PP y Ciudadanos que no confían, no comparten posición con el PSOE y no le van a dejar al Sr. Sánchez que salde el asunto catalán tan fácilmente.

Los separatistas catalanes se nutrían del choque frontal con el gobierno del Sr. Rajoy, ahora necesitan reconstruir su relato frente a la sociedad catalana. Para ello les urge volver a ser víctimas. En este caso dirán que el PSOE les ha engañado y maltratado después de haberle llevado hasta la presidencia del Gobierno.

Podemos, como era más que previsible, ya ha iniciado su estrategia de intentar ocupar todo el espacio de la izquierda política, deja el asunto catalán para los demás y se dedican a la amnistía fiscal y a atacar a la monarquía, cuestiones en las que los socialistas no les pueden seguir.

El asunto catalán, y otros, necesitan de un menú de soluciones, pero la pregunta que se hace media España es que si el gobierno no es capaz de sacar adelante la elección del Consejo de RTVE, algo que importa relativamente poco a la sociedad española, cómo podría sacar adelante asuntos tan serios como un nuevo Estatut o la reforma de la Constitución.

Aunque quizá sería más importante que lograr ahora una solución, no dejarla abrasada para cuando pudiera alcanzarse en un futuro.

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