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Cadáveres políticos de la independencia inviable

Tiempo de lectura 2 min.

17 de junio de 2016. 21:40h

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17/6/2016

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La independencia de Cataluña lleva camino de convertirse en un agujero negro que engulle a todo el que se obstina en manejar, explotar o instrumentalizar un proceso imposible y una monumental mentira. El goteo de víctimas políticas del espectro separatista comenzó como si tal cosa y, a medida que el fenómeno se mantiene vivo, aunque sea con respiración asistida, la cosa ya roza lo paranormal. Por el camino se quedaron o agonizan Unió, Convergència, el propio PSC – siempre en la equidistancia–, la Asamblea Nacional Catalana, Omnium... Y, en cuanto a nombres propios, pocos gerifaltes de la causa quedan en pie, institucionalmente hablando, claro. La última muesca en el revólver secesionista entre sus propias filas ha sido la CUP. Casi la mitad de su dirección –la que fue proclive a pactar con Artur Mas y estaba a favor de apoyar los Presupuestos de Puigdemont, más secesionista que anticapitalista y antisistema– dimitió tras denunciar «actitudes sectarias y maquiavélicas» en la formación, falta de democracia y deslealtad con la militancia. Lo quieran admitir o no, el proceso de ruptura es un muerto viviente en continuada decadencia porque no ha cuajado en el sentir de la mayoría de una ciudadanía condenada al desgobierno. Apelar a la responsabilidad de los gobernantes catalanes es nuestro deber, pero ellos sólo aspiran a seguir explotando un proceso inerte como profesionales de la ruptura en que se han convertido.

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