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El nacionalismo tiene un problema con la verdad

Tiempo de lectura 2 min.

24 de enero de 2017. 23:30h

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24/1/2017

Si el objetivo de la conferencia del presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, en Bruselas es situar el referéndum de independencia en la agenda de la Unión Europea, éste no se ha alcanzado. No porque los responsables de la institución y otros líderes políticos no hayan estado presentes, sino porque la UE ya ha manifestado que no apoyará un proceso secesionista dentro de uno de los Estados miembros. Por pura supervivencia del proyecto europeo. Puigdemont cometió ayer un grave error en su conferencia que fuerza aún más su aislamiento. Decir que el «proceso» no se debate entre independencia «sí» o «no», sino entre democracia «sí» o «no» y que, por lo tanto, no se trata sólo de un problema de Cataluña, sino de Europa, es una ignominia. Decir, insistimos, que entre los miembros de la UE hay uno que «no cumple los estándares democráticos exigibles» sólo es una ofensa que revela una escasa inteligencia política. Decir que el «Estado español persigue a los que no piensan como ellos» deja en ridículo a las propias instituciones de la UE. El propagandismo más zafio –después de todo, la Generalitat ha pagado 127.000 euros para que se le permita mitinear en una sala del Parlamento Europeo y publicitarlo– llegó cuando Oriol Junqueras habló de la «ineficiencia económica» de España y que era el Estado «que ha protagonizado más quiebras en la historia de la humanidad». El nacionalismo catalán tiene un grave problema con la verdad.

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