Bruselas

Firmeza con el gasto público

La Razón
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Enfrentado a la tarea de recortar el gigantesco e ineficiente gasto social de Reino Unido, el ministro de Economía británico, George Osborne, advertía a los parlamentarios de Westmister de que, «cuando un país no es capaz de controlar su deuda, es la deuda la que controla al país». Se trata de una aseveración que puede trasladarse perfectamente a lo ocurrido ayer en el Consejo de Política Fiscal y Financiera, donde los representantes de las autonomías gobernadas por el PSOE pretendieron, sin éxito, que el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, autorizara mayores niveles de déficit fiscal, hasta un 1 por ciento por encima de los compromisos adquiridos en Bruselas para los años 2016, 2017 y 2018. Aducen los consejeros socialistas que la mejora general de la recaudación del Estado debe trasladarse a las comunidades autónomas y a las entidades locales, y esgrimen el habitual memorial de agravios con respecto a las deficiencias del sistema de financiación autonómico y las llamadas «deudas históricas». Sin negar que el modelo financiero de las comunidades autónomas es mejorable, aunque debe ser abordado en toda su compleja integridad, no parece deseable la vuelta a la barra libre de gasto público, al doping de deuda, que estuvo a punto de llevar a España a la quiebra no hace aún cuatro años. Comprendemos la frustración de los nuevos gestores socialistas, que han hecho alegres promesas electorales, ante la realidad de la situación económica y financiera de un país que apenas está saliendo de la crisis y cuyo Gobierno ha elegido la opción de aliviar la carga fiscal de los ciudadanos como mejor palanca para impulsar el crecimiento. Tal vez, la necesidad de mantener unas haciendas públicas saneadas no encuentre mucho eco entre quienes han venido ejerciendo una fácil crítica desde la oposición contra los anteriores gestores, pero sí lo encontrará entre el conjunto de la sociedad, que tiene fresca memoria de lo sucedido, cuando el Gobierno de Mariano Rajoy tuvo, incluso, que aplicar planes de pago a proveedores por valor de 55.000 millones de euros, para liquidar facturas de autonomías y ayuntamientos que llevaban veinte años en los cajones. Detrás del control del déficit está el crecimiento actual del PIB y la recuperación del empleo, como recordaba ayer Cristóbal Montoro, y es preciso seguir en esa línea de responsabilidad con el dinero de los contribuyentes. El camino contrario, el que demandan los consejeros socialistas, lleva directamente a la Grecia de Alexis Tsipras, porque la deuda pública siempre genera más deuda. La mejora de las prestaciones sociales, el impulso del Estado del Bienestar, que a todos importa, tiene que venir mucho más del incremento del PIB que del endeudamiento público. Ya es tiempo de que el PSOE lo entienda. Si no, puede informarse en Grecia.