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La futura Reina, en la cuna de España

Tiempo de lectura 4 min.

08 de septiembre de 2018. 22:56h

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8/9/2018

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El primer acto oficial fuera de Madrid de la Princesa de Asturias, Doña Leonor de Borbón, ha estado pleno de simbolismos, pero nada más trascendente que la imagen de la que será Reina de España en la que fue cuna de la Nación española, en Covadonga, allí donde hace trece siglos nuestros antepasados dijeron que no estaban dispuestos a desvanecerse sin lucha en el desván de la historia. Se cumplen, en efecto, mil trescientos años de la creación del reino de Asturias, sólo siete después de la invasión árabe de la Península, y, también, dos conmemoraciones centenarias: la constitución del primer Parque Nacional, en los Picos de Europa, impulsada por el Rey Alfonso XII, y la coronación canónica de Nuestra Señora de Covadonga. Hubo, por supuesto, otra evocación: la de la proclamación en este mismo lugar, en 1977, de Su Majestad Don Felipe VI, como Príncipe de Asturias. En definitiva, la Corona como el referente fundamental de una nación forjada casi desde el origen de los tiempos y sin la que no es posible comprender la historia del mundo. También los españoles de hoy se presienten en esa continuidad que representa la Monarquía y que nos hace reconocibles como un pueblo libre, dueño de su soberanía y de su destino. Así lo constata la encuesta de «NC Report», que hoy publica LA RAZÓN, en la que la gran mayoría de los ciudadanos –el 63,4 por ciento–, sin diferencias apreciables por razón de edad, está convencida de que la Princesa Leonor llegará a reinar en España como sucesora de su padre, Don Felipe VI. Una futura reina que no sólo goza de una notable aceptación popular, con una valoración entre los encuestados del 6,9, y de la que se espera, y es muy significativo del aprecio y consideración que tienen los españoles de su actual Rey, que reciba una formación como la que recibió su augusto padre. Nada menos que el 72,8 por ciento de los consultados cree que la Princesa de Asturias debe educarse como Don Felipe, opinión que comparte el 71,4 por ciento entre los menores de 34 años. Por supuesto, los españoles están convencidos de que Doña Leonor, cuando Dios los disponga, ejercerá con su propia impronta y creen –el 59,6 por ciento así lo afirma– que el hecho de ser mujer marcará el estilo de su reinado. La Corona, pues, no sólo está arraigada en la sociedad a la que sirve –el 64,9 por ciento de los ciudadanos afirma que la Monarquía representa bien a España– sino que tiene en la Princesa de Asturias la heredera idónea. Esta realidad, que los discursos de la radicalidad de izquierdas y del separatismo tratan inútilmente de desdibujar, es la mejor garantía para afrontar el futuro de la Nación. Porque en la España de hoy, como se demostró en los momentos más complejos de la Transición, el sistema de libertades es indisociable de la Institución monárquica que encarna la Jefatura del Estado. Ayer, el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, agradecía a Don Felipe VI su «valentía y clarividencia en la defensa de la libertad y de la plural convivencia del pueblo español». Es exacto. Desde su proclamación ante las Cortes, el 20 de junio de 2014, Su Majestad ha desempeñado ejemplarmente el papel que le reserva la Constitución para garantizar el ejercicio de los derechos soberanos de los españoles y el funcionamiento de nuestro sistema de democrático. No han sido momentos fáciles, especialmente por el intento golpista en Cataluña, pero han demostrado la fortaleza institucional de España y el significado de la Monarquía parlamentaria. La forja de la nación, que comenzó a escribirse hace mil trescientos años en Covadonga, es consustancial a la Corona. El mejor referente del esfuerzo común de un pueblo que ha sabido superar las más graves dificultades hasta convertir a su país en una de las democracias más avanzadas del mundo.

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