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La hora de Madrid

Tiempo de lectura 4 min.

14 de agosto de 2019. 05:47h

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14/8/2019

Hoy se vota la investidura de la candidata a la presidencia de la Comunidad de Madrid, después de ochenta días de negociaciones entre las tres formaciones que han alcanzado una mayoría suficiente. Es la primera vez que se formará un Gobierno de coalición, en este caso entre PP y Cs y el apoyo parlamentario de Vox, y aunque los populares han gobernado ininterrumpidamente 24 años en la Comunidad, la llegada de Isabel Díaz Ayuso quiere cerrar una etapa cuyo final estuvo marcado por la inestabilidad política e la interinidad: cuatro presidentes en siete años. Por lo tanto, debemos entender que el acuerdo de gobierno sea lo suficientemente sólido como para llevar a cabo el programa que la popular Díaz Ayuso expuso ayer en la Asamblea de Madrid y que las exigencias regeneradoras e ideológicas de sus socios sean realistas y en aras de la gobernabilidad. No se trata de que Madrid se convierta en un «laboratorio», sino en una región que siga encabezando los mejores niveles de crecimiento, calidad de la enseñanza y sanidad, bienestar de sus ciudadanos y libertad para desarrollar proyectos empresariales y vivir en un clima de respeto y tolerancia. Para el PP, Madrid –incluido también el gobierno municipal– se ha convertido en «la clave de nuestro país», como dijo la propia Díaz Ayuso. En un momento en el que el Gobierno de España puede depender de un partido como Unidas Podemos, dispuesto a abrir un proceso constituyente, y de los independentistas catalanes, la estabilidad en una comunidad del peso económico y político como Madrid aporta una centralidad y moderación necesaria. La merma de diputados populares en el Congreso se contrapone a la extensión de su poder territorial. Frente a las políticas intervencionistas de la izquierda, Pablo Casado propone medidas liberalizadoras, sobre todo en el ámbito económico. El reto es poner en marcha un programa que sea ejemplo de desarrollo, creación de empleo y adaptación a los retos tecnológicos. La medida de más alcance, y cuyo efecto determinará esta legislatura, es una importante bajada de impuestos, que, aunque se ha anunciado como la mayor de la historia, habrá que ver los resultados tras el anunciado descenso de la tarifa autonómica del IRPF y la reducción de todos los tramos de la tarifa en medio punto. El objetivo es pagar hasta un 5,5% menos. De aplicarse la reducción anunciada por Díaz Ayuso, pasarían al 18,5% (19), 22,7% (23,2), 27,8% (28,3), 35,9% (36,4) y 43% (43,5) y basta compararlo con la que se aplica en Cataluña, por citar a una comunidad de similar importancia económica, para darse cuenta de la radical diferencia de política fiscal (21,5%, 26%, 33,5%, 40% y 48%). En la misma línea, se garantizará a los autónomos una tarifa plana de cincuenta euros de cotización a la Seguridad Social durante dos años. Si se le suma, además, con que en Madrid ya se suprimió el Impuesto sobre Patrimonio o la bonificación de buena parte del Impuesto sobre Sucesiones, es evidente que estas políticas servirán como ejemplo y contención de las que está aplicando el efímero Gobierno de Sánchez y las nuevas que vendrán, si fragua su investidura, tras su vuelta a La Moncloa. Por otra parte, la capacidad de los padres de elección de colegio para sus hijos sólo puede tener una lectura positiva desde el punto de incentivar la competencia entre centros. La llegada de Díaz Ayuso a la Real Casa de Correos de la Puerta del Sol –de salir hoy adelante como está previsto– ha provocado una artificiosa campaña de la izquierda para desprestigiarla e implicarla en casos de corrupción en los que nada tiene que ver, un estrategia que de nada servirá cuando el gobierno empiece a dar sus primeros pasos. Se abre un nuevo ciclo y sólo cabe esperar que los partidos que apoyan a Díaz Ayuso estén a la altura.

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