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La larga sombra de Ibarretxe

Tiempo de lectura 2 min.

02 de mayo de 2014. 21:47h

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2/5/2014

Todo indica que hubo un tercer invitado al discreto encuentro que mantuvieron el pasado jueves en Vitoria los presidentes autonómicos de Cataluña, Artur Mas, y del País Vasco, Íñigo Urkullu, a tenor de los diferentes comunicados oficiales hechos públicos por sus respectivos gabinetes. Sin duda, sobre ambos personajes sobrevoló la sombra del ex lendakari Juan José Ibarretxe, cuyo equivocado cálculo no sólo le condujo a extramuros de la vida política, sino que supuso un serio revés electoral para el PNV, que perdió el Gobierno. Urkullu, consciente de que el clima ciudadano en Euskadi –que apenas está superando las décadas de horror y persecución del terrorismo etarra– es contrario a las aventuras separatistas, tiene también muy presente que los beneficiarios de esa estéril dinámica son siempre los sectores más extremistas, en este caso representados por Sortu y Bildu. Desde luego, no parece que al PNV le interese lo más mínimo alimentar la confrontación separatista, especialmente cuando se aproximan unas elecciones municipales. Si, a pesar de estas circunstancias, Artur Mas pretendía conseguir del lendakari Urkullu una acción coordinada en favor de su desafío a la Constitución o, al menos, una declaración contundente de apoyo a su movimiento secesionista, sólo cabe colegir que la fuga de la realidad del actual presidente de la Generalitat es más grave de lo que podía temerse. Lo que eufemísticamente se describe en el comunicado de la Lendakaritza como «dificultades para avanzar en el autogobierno», no es otra cosa que la constatación de que es imposible ir más allá de lo que establece nuestro ordenamiento constitucional sin caer en la transgresión de la legalidad, que es la misma, dicho sea de paso, que garantiza los altísmos niveles de autogobierno de catalanes y vascos, autogobierno que de ninguna forma está siendo objeto de un proceso de recentralización por parte del Ejecutivo, como denuncia falsamente el comunicado oficial. Muy al contrario, las reformas liberalizadoras impulsadas por el presidente Mariano Rajoy en lo que atañe a la libre competencia y a la eliminación de barreras administrativas y comerciales, tienden a favorecer a comunidades como el País Vasco y Cataluña, que tienen un fuerte tejido industrial y experiencia exportadora. De todo ello es consciente el lendakari Urkullu, cuyas preocupaciones están más en la línea del Gobierno de la nación, ocupado en la superación de la crisis y en el crecimiento, que del presidente catalán, que parece superado por las consecuencias de un grave error de planteamiento, que no tiene otras «virtudes» que crear división entre los ciudadanos y dificultar la recuperación económica. Si la reunión en Vitoria ha contribuido a llevar a la reflexión a Artur Mas sobre la «experiencia Ibarretxe», habremos de felicitarnos.

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