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La marca PP resiste en Madrid

La Razón
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Con la dimisión de Esperanza Aguirre como portavoz del grupo Popular en el Ayuntamiento de Madrid se cerraba una carrera política prolongada durante 34 años ininterrumpidamente con responsabilidades en la administración central, autonómica y local, además de otros cargos de primer rango institucional. Dirigió el PP en Madrid y lo hizo a su imagen y semejanza, con un liderazgo muy personal, pero vista la investigación abierta contra su estrecho colaborador y hombre de confianza Ignacio González, cualquier valoración de su prolongada gestión quedará marcada por las consecuencias judiciales que se deriven. El pasado día 24, anunció su dimisión, una decisión lógica y que ella misma entendió como inevitable al sentirse, según sus propias palabras, «engañada y traicionada». Que Aguirre no tenía más salida que dejar definitivamente su último cargo público es evidente y así lo ven los encuestados en un sondeo de NC Report. El 39,4% cree que hizo lo correcto, que tenía que irse, frente a un 24% que no lo comparte. Sin embargo, un 54,1% considera que su marcha de la política tenía que haberse producido antes. Esta última no ha sido, como es sabido, la primera vez que abandona sus responsabilidades públicas. Primero dejó la Presidencia de Comunidad en septiembre de 2012 por razones personales, aunque en ningún momento quiso dejar de tener el control en el partido. La segunda ocasión fue en febrero de 2006, cuando dimitió de sus cargos en el PP madrileño motivado por la implicaciones de su consejero Francisco Granados en el «caso Púnica». Pese a sus buenos resultados electorales, Aguirre no comprendió que en política hay que saber retirarse a tiempo, sobre todo cuando está en juego el futuro electoral de los populares, máxime cuando ella misma reconoció que «la corrupción nos está matando a todos». En este sentido, ha prevalecido la marca PP frente a las responsabilidades concretas de los implicados en los recientes casos de corrupción. El vicesecretario de organización de los populares, Fernando Martínez-Maíllo, destacaba en una entrevista publicada ayer en estas mismas páginas que estaba convencido de que «la corrupción han sido conductas individuales». Según los encuestados, los populares conseguirían un concejal más en la capital, mientras Ahora Madrid pierde uno. El PSOE, que con su apoyo facilita el gobierno a la franquicia de Podemos encabezada por Manuela Carmena, mantiene sus actuales 9 escaños, así como Cs, que conservaría sus 7 ediles. Pese a que todos lo partidos pierden electores, la mayor caída es la de Ahora Madrid, con 47.210 votos menos. Sobre el papel, este resultado permitiría un cambio en el Ayuntamiento, si el PP contase con el apoyo de Cs, invirtiendo la mayoría actual de gobierno. No hay que olvidar que fue la candidatura encabezada por Aguirre la que ganó las elecciones municipales de 2015 y que fue responsabilidad de los socialistas apoyar a Carmena, cabeza independiente de una coalición inexperta y que está demostrando su ineficacia y sectarismo político. Es pronto para adelantar acontecimientos, sobre todo porque la actual alcaldesa no repetirá y se abre un proceso de primarias dentro de la formación izquierdista que no será nada pacífica dado el proceso de purga dentro de Podemos. Su propia debilidad les obligará a buscar a otra personalidad independiente de «contrastado prestigio». Por su parte, el PSOE pierde un 6% de sus votantes, en favor de Ahora Madrid. En definitiva, el PP mantiene el grueso de sus votantes y retiene el 81% de su electorado. Pero todo indica que los populares tienen claro que para mantener las expectativas de voto hay que luchar decididamente contra la corrupción.