Política

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Más de lo mismo en Andalucía

La Razón
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De confirmarse las previsiones de la encuesta de «NC Report», que hoy publica LA RAZÓN, Andalucía parece abocada a repetir el pacto entre el PSOE y los comunistas de Podemos que actualmente sostiene a Pedro Sánchez en la Moncloa, siempre, claro está, que Ciudadanos mantenga su promesa de no reeditar el apoyo parlamentario a la candidata socialista, Susana Díaz. Los resultados del sondeo, elaborado cuando ya se conocía el adelanto electoral, son claros a este respecto, aunque la alta abstención declarada, del 41 por ciento, podría hacerlos variar, si quiera en pequeña medida. El PP, contra el pronóstico más extendido, mantendría la segunda posición con el doble de diputados que Ciudadanos, formación esta última que crece cinco escaños a costa de los populares, pero que se queda muy lejos del pretendido «sorpasso». La extrema izquierda, que cae en porcentaje de voto, se beneficia, sin embargo, de la Ley de D´Hont al presentarse en una sola candidatura –Adelante Andalucía–, sumando los dos escaños que pierde el PSOE, hasta llegar a los 22 diputados. La aritmética parlamentaria favorece, pues, a Susana Díaz, con opciones de pacto a su izquierda y su derecha, pero, al mismo tiempo, confirma la pérdida de la hegemonía del partido que ha gobernado a los andaluces durante los últimos 36 años. Sin duda, la más perjudicada en sus expectativas es la formación que lidera Albert Rivera, tal vez, por el desairado papel que ha representado en esta última legislatura, respaldando al Gobierno de Díaz pese a la sucesión de escándalos de corrupción que han ido surgiendo en el seno de la Administración regional y que mantienen en el banquillo de los acusados a los dos últimos ex presidentes de la Junta, Manuel Chaves y José Antonio Griñán. Siempre desde el respeto debido a la voluntad popular, y si las urnas no desmienten el análisis demoscópico, la sociedad andaluza va a prolongar otros cuatro años una manera de hacer política que cubre de victimismo y supuestas ofensas históricas los pobres resultados de su gestión, con el agravante de que pueden tomar carta de naturaleza las formas más extremadas del populismo clientelar que representa la fórmula de Podemos, excesivamente ensayada en Andalucía. No insultamos a nadie si constatamos el hecho incontrovertible de que, pese a las millonarias inversiones y a las transferencias de renta procedentes de la Unión Europea y de los Presupuestos Generales del Estado en las últimas tres décadas, Andalucía refleja peores indicadores socieconómicos que la mayoría de las comunidades autónomas, con la excepción de Extremadura, y ello a pesar de ser una región geográficamente privilegiada, con sólida raigambre cultural y excelencia empresarial en muchos sectores. Preocupa, y mucho, la replica en la región de la insensatez económica que observamos en la elaboración de las cuentas pa nivel nacional, donde Podemos trata de llevar al PSOE hacia un modelo económico de subsidios y subvenciones que, forzosamente, lastran el crecimiento con su inevitable incremento de la imposición fiscal y de la deuda pública. Por supuesto, no está todo dicho en los comicios andaluces. La campaña electoral puede ser un factor esencial para las posibilidades de un Partido Popular que estrena líder, Pablo Casado, y que, como recoge la encuesta, mantiene la fidelidad de su amplia base de votantes. Andalucía necesita un cambio de signo político frente a unos gobiernos anclados en la resignación y que sólo parecen hábiles en la gestión de una inventada fatalidad. El Partido Popular debería poder encarnar el natural deseo de cambio de gran sector de la población de Andalucía, crítico con la situación de estancamiento y cansado de excusas.