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¿Quién se fía de Rivera?

Tiempo de lectura 4 min.

12 de mayo de 2019. 21:48h

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12/5/2019

Hacer cómputos electorales por bloques –de izquierdas y derechas– puede llevar a engaño o, lo que es peor, a confiar la victoria propia en el apoyo posterior de los supuestos aliados. Una cosa fue el pacto que propició el relevo en la Junta de Andalucía, después de casi treinta años de gobierno socialista ininterrumpido, con una corrupción institucional estructural (caso ERE) y un clientelismo que había convertido a la administración autonómica en la mayor empresa de contratación andaluza. La repetición de este acuerdo en otras comunidades no será automático. En primer lugar, porque no hay nada escrito que obligue a su cumplimiento y, en segundo lugar, porque tanto PP como Cs miran, como debe ser, por sus propios intereses electorales. Los resultados de las generales del 28-A dejaron claro que la división del voto en el centroderecha no favoreció al partido que lideraba este bloque, el PP, que la dispersión aseguraba la victoria en intención de voto, pero no el número de diputados suficientes. Pablo Casado lo sabe y es lógico, por lo tanto, que pida la máxima concentración de votos en su formación. Las elecciones del 26-M se presentan como una segunda vuelta que, sin serlo, sí pueden hacer recapacitar a electores que consideren que es necesario concentrar el voto. Las autonómicas en la Comunidad de Madrid pueden ser un ejemplo de esta dispersión que sólo perjudicará a los populares. Según un sondeo de NC Report que publicamos hoy, la formación de Casado perdería 11,7 puntos porcentuales con respecto a los 33,4% de las autonómicas de 2015, lo que supondría 12 escaños menos y el 21,7%. Por su parte, Cs obtendría el 19,4%, que es un incremento del 7,1% y 27 diputados. A pesar de su ascenso, no conseguiría superar al PP, que es el objetivo prioritario de Albert Rivera. Entre Vox, que alcanzaría el 7,9 porcentual y 14 escaños, y Cs suman casi milimétricamente la caída de los populares. Si bien el bloque de estos tres partidos obtendría la mayoría con el 50,2% de los votos y 71 escaños, deja abierta otras posibilidades que no están todavía descartadas. La más clara es que la suma de PSOE y Cs superaría, con 64 escaños, la de cualquier otra alianza improbable. Rivera dejó muy claro que no daría su apoyo a Pedro Sánchez, pero nada dijo de dárselo a otro candidato, en este caso a Ángel Gabilondo, por lo que jugará sus cartas al margen de los intereses del PP. De ahí que Pablo Casado y la candidata Isabel Díaz Ayuso deban contar con sus propias fuerzas para remontar unos datos que, sobre el papel, no son los mejores, y hacer valer la buena gestión que los populares han realizado en la Comunidad de Madrid desde 1995. Sin duda es una plaza que tiene un significado importante, por población, presupuesto y significado político. Hay un dato de especial relevancia en el sondeo que publicamos. La operación encabezada por Íñigo Errejón con el apoyo de Manuela Carmena no alcanzaría el objetivo que se había propuesto: convertirse en una alternativa real con sumara con los socialistas. Pero es que, además, no supera a Unidas Podemos, quedándose a un punto por debajo. Entre ambos tendrían los mismos votos que en la anterior legislatura. De confirmarse estos resultados, la pugna entre Errejón y Pablo Iglesias quedaría abierta y emprendería un nuevo capítulo si caen los «ayuntamientos del cambio» de la órbita de Podemos, toda vez que Más Madrid debería abstenerse para que Gabilondo fuera presidente. Casado puede encontrar un aliado en Rivera, o no. Esa es la cuestión: la indefinición y el descrédito actual de Cs. Nadie se fía de Rivera.

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