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Renovarse para ganar el Gobierno

Tiempo de lectura 4 min.

16 de marzo de 2019. 23:08h

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16/3/2019

En esta ocasión, sí. Las elecciones del próximo 28 de abril son especiales. Tan importantes como cualquier otra convocatoria, pero en este caso sí se van a dirimir cuestiones fundamentales sobre la organización territorial y, yendo más allá, sobre el proyecto de una España unida e igualitaria. En las últimas dos breves legislaturas –sin contar la primera con gobierno de Mariano Rajoy, donde el «proceso» empieza a dar sus primeros pasos–, nuestro sistema democrático ha sufrido el mayor ataque desde 1978. Un desafío dirigido desde la propia Generalitat, que ahora se juzga por los sucesos del 1-O y la declaración de independencia del 27 de septiembre en el Tribunal Supremo. Desde esta perspectiva, es lógico que el líder del PP, Pablo Casado, quiera renovar sus listas para los próximos comicios con el objetivo de situarse como la fuerza del referencia del centroderecha. Es evidente que desde las elecciones del 20-D de 2015 los populares han sufrido una constante pérdida de votantes que se han marchado a Cs, primero, y estarían dispuestos a hacerlo ahora Vox, tal y como se pudo ver en Andalucía e indican todos los sondeos. El cambio en los cabezas de lista para los próximos comicios en el Congreso es de un 80 por ciento, lo que quiere decir que sólo repiten los candidatos en 14 de las 52 circunscripciones. Además, hay dos datos que definen el perfil de los candidatos: hay un descenso notable en la edad media y un 44 por ciento de mujeres (23 frente a 29 hombres). No es tanto un ajuste de cuentas con el anterior equipo directivo, pero sí una toma de control absoluto de partido por parte de Casado. Es, además, dar sentido al «cambio de época» que se anunció tras su victoria en el congreso del partido de julio de 2018 frente a Soraya Sáenz de Santamaría. La composición de las listas no está al margen de un hecho que viene determinado por la situación por la que atraviesan los partidos políticos, y es que su propia marca ya no es suficiente para atraer nuevos votantes o movilizar a los propios, de ahí que haya que recurrir a algunos nombres conocidos con proyección social. Esto último ha supuesto alguna apuesta arriesgada en algunas plazas fundamentales. En todo caso, se trata de una renovación lógica y legítima para afianzar el proyecto de Casado y poder afrontar las elecciones como la fuerza que puede aglutinar todo el voto del centroderecha. El PP dejó La Moncloa de manera inesperada y traumática tras el triunfo de la moción de censura de Pedro Sánchez con la alianza de los populistas de Podemos y el apoyo de los partidos independentistas catalanes –más la ominosa guinda de Bildu–, pacto al que el presidente del Gobierno no ha renunciado y podría reeditar. En este contexto se celebrarán las elecciones del 28-A, de ahí que mantener la «concordia constitucional» sea, en palabras del Casado, el objetivo prioritario. Es decir, que el PP se convierta en una alternativa real a Sánchez y a su dependencia del independentismo, que, según indicó ayer en la presentación de las listas, debe hacerse desde la búsqueda de la centralidad en la política española. «Somos el gran partido centrado, moderado, conservador, patriota, que ha sido creado, refundado y ahora renovado para seguir sirviendo a todos los españoles», señaló, aunque ahora toca definir con claridad el proyecto de los populares para marcar una diferencia con aquellos partidos que compiten por el mismo voto. Si existe un centroderecha «estérilmente fragmentado», como afirma Casado, debe existir algún motivo, que generalmente tiene que ver con los errores propios más que con los aciertos ajenos y, en todo caso, nunca con el libre albedrío del electorado. El PP está a tiempo de elaborar un discurso ganador sobre el principio de la defensa constitucional de España.

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