Rivera ataca al PP para frenar el declive naranja

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Reinterpretando a Alfonso Guerra, Albert Rivera ha entendido que debe moverse y mucho si quiere seguir encuadrado en la fotografía de la política nacional. Su movimiento en Murcia contra la estabilidad de la región y su maniobra en el Congreso para forzar una pinza antiPP con PSOE y Podemos responden sobre todo al preocupante estado del partido naranja. Los hechos son contumaces y las estadísticas electorales, más todavía. Desde las elecciones generales de 2015, el declive en votos y escaños ha sido una constante imparable y creciente con cada paso por las urnas. Si tomamos como referencia la encuesta de febrero pasado de NC Report para LA RAZÓN, el partido de Albert Rivera pierde 1,1 millones de votantes y hasta 15 escaños. El reciente Congreso de Ciudadanos, con la nueva estrategia política y el liberalismo como eje de su actuación en lugar de la socialdemocracia, quiere ser un punto de partida para la recuperación que pasa por el desgaste del PP con el que piensa competir por los electores de centro derecha –ya pierde a favor de los populares el triple de votantes de los que gana de esa formación–. Y en ello están, aunque con diagnóstico y puesta en acción equivocada y peligrosa. Hay ausencia de autocrítica y exceso de arrogancia en el partido naranja y un pulso regeneracionista confuso y hasta en ocasiones equívoco, en el que vale apuntillar a un imputado alcalde de Granada del PP y sostener a su sustituto, también imputado, del PSOE, o para defender en el Congreso que es la apertura del juicio oral la que debe provocar la dimisión y a continuación olvidarse de ello en Murcia.