Sánchez conduce al PSOE a la pérdida del liderazgo de la izquierda

La Razón
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La semana que dejamos atrás ha sido crucial para aclarar el confuso panorama abierto tras las pasadas elecciones del 20 de diciembre. La primera ronda de conversaciones del Rey terminó con la hiperbólica oferta de gobierno de Podemos al PSOE, que en los anales socialistas se recordará como la «oferta de la humillación», y con la consiguiente renuncia de Mariano Rajoy, dado el entendimiento entre los dos partidos de la izquierda, a pesar de que el PP era la fuerza más votada. Puede decirse que, aclaradas las posturas, se han diluido las llamadas «líneas rojas» o, dicho para entendernos todos, se ha separado el grano de la paja. Es decir, el PSOE estaría dispuesto a gobernar con Podemos si esta alianza no le supusiera traicionar sus principios, incluso romper el propio partido; Pablo Iglesias demuestra que quiere ser la fuerza hegemónica en la izquierda, aunque eso suponga llevar a la ruina al socialismo histórico; Ciudadanos confunde la prudencia con la indefinición, y el PP espera que Sánchez, Iglesias y los independentistas defiendan un Gobierno de coalición en el que nadie cree. Por lo tanto, todas las posibilidades están abiertas y, visto lo visto, la pasada semana evidenció la necesidad de un acuerdo estable y serio. Las bromas hay que dejarlas en los platós de televisión. No pueden tenerse en cuenta ofertas, por más legítimas que sean, como la presentada por Podemos sin haber habido antes una mínima negociación y sólo pensando en sus propios electores con vistas a unos comicios anticipados. Los ciudadanos valoran sobre todo la coherencia de los partidos a los que han confiado su voto. En una encuesta de NC Report que publicamos hoy, se confirma esta tendencia: de celebrarse las generales de nuevo, el PP sería el partido que más subiría, tanto en voto directo como en escaños. Ganaría casi 70.000 electores más y nueve escaños, situándose en el 30,7% (frente a los 28,7% actuales). Por otra parte, los populares también serían los que mantendrían un votante más fiel, situándose en el 94,2%, con fugas apenas destacables a otras formaciones (la mayor huída, del 4,4%, se inclina por la abstención, siguiendo una tendencia a la baja de repetirse las elecciones). Al crecimiento del PP le seguiría en menor medida Podemos, con un aumento de 2,5 puntos, lo que supone situarse en el 21,9%, (frente al 20,6% que tiene ahora), sumando todas sus marcas territoriales. Lo destacable de estos datos es que el partido de Iglesias cumple su objetivo de superar al PSOE, desbancarlo como primera fuerza de la izquierda y situarse como líder de la oposición. No es un objetivo menor: confirma que el afianzamiento de Iglesias es a costa del cuestionado liderazgo de Sánchez, toda vez que Podemos lo ha situado como primordial en su estrategia de conquista de La Moncloa. Los socialistas continuarían su descenso con la pérdida de escaños (sólo les distancian 15) y votos, situándose por detrás de Podemos, y hasta perderían un 10,8% de electores, que optarían por la abstención. Ciudadanos sufriría también una pérdida de 651.000 votos y unos 10 diputados. Si las elecciones anticipadas son una rectificación de las pasadas del 20-N, el partido de Albert Rivera sería quien más lo notase, pues es el que más electores pierde, ya que un 12,3% votaría al PP. En definitiva, unas nuevas elecciones no despejaría el mapa político español; tan sólo aclararían dos hechos fundamentales: el PP volvería a ganar con más margen y Podemos arrebataría el primer puesto en la izquierda española al PSOE. De momento, sólo cabe seguir negociando con sentido de Estado.