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Sólo en España se ataca al español

Tiempo de lectura 4 min.

23 de abril de 2018. 22:47h

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23/4/2018

El 23 de abril, aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes, de William Shakespeare y de Garcilaso de la Vega «El Inca» –todos fallecidos en 1616–, se celebran el día mundial de lengua española, instituido por la ONU; el día internacional del libro y, en España, tiene lugar, además, la solemne ceremonia de la entrega del Premio Cervantes, que preside Su Majestad el Rey. En esta ocasión, el galardón más importante de la literatura en lengua española se entregaba al escritor y periodista nicaragüense Sergio Ramírez, prolífico autor centroamericano y confesado heredero literario de Rubén Darío, que es tanto como decir hijo predilecto del idioma español, el mismo que comparten 572 millones de personas en el mundo y la segunda lengua con mayor proyección internacional, detrás del inglés.

En efecto, nuestro idioma está en plena expansión mundial, no sólo por el crecimiento vegetativo de los hablantes nativos –que son 477 millones, según el anuario de 2017 que edita el Instituto Cervantes–, sino porque se ha convertido en una de las lenguas extranjeras más estudiadas, con 21 millones de alumnos actualmente, y porque se expande notablemente en Estados Unidos, donde es el idioma más demandado en todos los niveles del sistema educativo. Como señalaba ayer el «Hispanic Council», el 14 por ciento de los 435 congresistas y el 13 por ciento de los 100 senadores norteamericanos utilizan el español con frecuencia, dentro de su política habitual de comunicación. Hay muchos más datos que abundan en la buena salud de nuestro idioma –el tercero más empleado en internet; el segundo en las redes sociales Facebook y Twitter, incluso en urbes anglófonas como Nueva York y Londres– y que explican la buena salud de la industria editorial española, que ya es la tercera del mundo por su capacidad exportadora de libros. En definitiva, que según todas las proyecciones, en 2050 hablarán español 754 millones de seres humanos, con México y Estados Unidos como los dos países con mayor número de hispanohablantes. Y sin embargo, frente a esta historia de éxito, frente a la realidad de una lengua en franca expansión y que supone un inapreciable instrumento para el desarrollo económico y cultural de España, es en nuestro país donde sufre los mayores ataques por parte de los sectores nacionalistas, y no sólo, que han hecho de la promoción de las lenguas regionales propias un arma arrojadiza contra la identidad común y la convivencia de todos los ciudadanos.

La imposición del conocimiento de los idiomas vernáculos, incluso, dialectales, a quienes pretenden trabajar en cualquier parte del territorio nacional, no sólo atenta contra el derecho de todos los españoles a usar el español, sino que se convierte en un medio de exclusión laboral y social que nos empobrece a todos. No se trata, por supuesto, de pretender eliminar unas lenguas que forman parte de nuestra riqueza como nación y que, además, están reconocidas y protegidas por nuestra Constitución, sino de alertar contra una política lingüística sectaria, que, como el caso de el País Vasco y Navarra con el euskera, pretende imponer un idioma en lugares y poblaciones donde no se ha hablado nunca, o que, como ocurre con el catalán en Valencia y Baleares, busca a través de la expansión idiomática la uniformidad artificial de unos territorios que siempre tuvieron voces propias. Por no referirnos a los problemas que genera en la enseñanza a los niños de origen familiar castellanoparlante, obligados a estudiar en otra lengua. No. No es defensa de los idiomas propios, sino su conversión en herramienta para separar.

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