Torra redobla su amenaza al Estado

El viernes todos en Barcelona hablaban de «tregua». Las administraciones públicas, los partidos, las organizaciones independentistas... Desde todos los ámbitos políticos y sociales se quiso poner el foco en las víctimas del terrorismo. En aquellos que habían sufrido el ataque de los yihadistas. En reconfortales cuando se cumplía un año de unos terribles atentados que segaron la vida de 16 personas. El viernes era un día para el recuerdo y la unidad. O al menos eso se pretendía. Error de plano. La presencia de dos grandes carteles que atacaban directamente al Rey provocaron malestar y enojo. Tanto su presencia como la desidia interesada del Ayuntamiento de Barcelona, con Ada Colau al frente, que rechazaron retirarlos en tiempo y forma. Allí estuvieron para vergüenza de una clase política catalana –no toda–, que ha hecho de la desobediencia a la ley su santo y seña. Por la tarde, sin que se pusiera el sol, el presidente de la Generalitat dio por acabada esa exigua tregua en favor de las víctimas. Centenares de personas se acercaron al centro penitenciario de Lledoners para participar en el homenaje alternativo del 17-A organizado por la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium. Pretendían honrar al ex consejero de Interior Joaquim Forn y al ex jefe de los Mossos, Josep Lluís Trapero. Forn expresó hace días su rechazo a ser homenajeado por el 17-A: quería que el protagonismo lo tuvieran las víctimas. Trapero igual. De poco sirvió. El independentismo, sus ideólogos en la calle, no estaban por la labor. Quim Torra, ante un auditorio entregado, que en absoluto recordó a las víctimas del terrorismo, afirmó que «no vamos a defendernos: vamos a atacar a este Estado español injusto». Unas palabras beligerantes que desacreditan otras manifestaciones en las que algunos se reivindican como «gente de paz». Torra, el mismo que saltó a la primera línea de los informativos por sus textos racistas y xenófobos hacia los «españoles» dio ayer otro paso en la senda de aquellos irresponsables que abonan una enfrentamiento social. Desde su toma de posesión como presidente de la Generalitat ya insistió en retomar la «vía unilateral». Un proyecto éste que se ha demostrado yermo, con la mayoría de la población catalana en contra. Él insiste en empujar a los catalanes conversos al independentismo a un desquiciado camino para que no encaren la realidad: la frustración de que la independencia ha sido una fantasmagórica imagen para que unos pocos mantuvieran el control sobre la mayoría. Ayer, el presidente del PP catalán, Xavier García Albiol, le recriminó a Torra su desprecio a las víctimas, en su discurso institucional del viernes, y su amenaza directa al Estado. Su retórica insiste una y otra vez en exigir «libertad» para los encarcelados ocultando que aquellos están en prisión, pendientes de juicio, por su intento de acabar con la Constitución y las leyes que garantizan precisamente nuestras libertades y nuestros derechos como ciudadanos. El Gobierno de Pedro Sánchez no puede mirar para otro lado. Su minoría parlamentaria, sus deudas en el Congreso con ERC y el PDeCAT, le han atado las manos. No es de recibo mantener una política complaciente con quien es imposible contentar. Anécdotas como la del pasado viernes en las que retiraba la bandera de España de un cartel en catalán por el 17-A –que luego estampó a toda prisa– no valen con quien está decidido a enfrentarse abiertamente al Estado. Moncloa, cabeza de ese «Estado injusto» al que se refería Quim Torra, debe reconducir su diálogo con la Generalitat, rodearse de las fuerzas constitucionalistas y acabar con los desafíos soberanistas. No es de recibo que se afirme que «Cataluña no tiene rey» y que se mantenga la Comisión Bilateral Estado-Generalitat. Así no.