Opinión

Un enemigo letal y despiadado

La Razón
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Desde los atentados del 11 de marzo de 2004, España sabe que es un objetivo del yihadismo internacional y que, en consecuencia, los poderes públicos y las Fuerzas de Seguridad del Estado están comprometidos, más si cabe, en el deber de combatirlo para preservar nuestra seguridad y libertad. La experiencia de estos años y el fruto de tanto y buen trabajo policial ha confirmado que, lejos de menguar, el interés de España para esas redes islamistas se ha acrecentado hasta alcanzar una presencia nada desdeñable de células y núcleos fanatizados en nuestras ciudades. De hecho, España es uno de los países europeos con más operaciones antiterroristas efectuadas en los últimos años, al tiempo que recibió en 2013 el mayor número de amenazas yihadistas procedentes del exterior, con casi una treintena de mensajes. La altísima eficacia policial, con un grado de preparación y conocimiento realmente extraordinario, a la que se suma una gran capacidad de inteligencia y una decisiva cooperación internacional, ha permitido constatar regularmente que nuestro territorio, como otros occidentales, se ha convertido en una base de apoyo logístico que aporta reclutamiento, adoctrinamiento y desde la que se envían yihadistas a zonas de conflicto como Afganistán, Irak o Siria. El reciente arresto de dos mujeres jóvenes en Melilla que habían sido captadas, puede que junto a otras tres, para unirse a la denominada guerra santa del Estado Islámico en la ciudad iraquí de Mosul, da una idea de esa inquietante actividad en determinadas zonas de nuestra geografía con peculiaridades sociales muy definidas. Esa presencia islamista real sumada a las amenazas recurrentes, demanda un estado de alerta necesario que excluye imperiosamente cualquier relajación o distracción. En este punto, sería prudente no interpretar, por ejemplo, la tendencia a la baja en el número de arrestos desde 2008 con un optimismo exagerado, pues muy bien pudiera deberse a factores que no aminoran la gravedad y la cercanía de la amenaza, sino que más bien las incrementan, como un mayor grado de clandestinidad en la labor de los terroristas. Por tanto, lo trascendente es no minimizar al enemigo y calibrar el riesgo sin errores. En este sentido, el Mundial de Baloncesto, que se disputará en España desde el 30 de agosto, figura entre los objetivos del terrorismo yihadista y el Ministerio del Interior trabaja desde hace meses en un detallado plan para evitar atentados con una célula de seguridad integrada por Policía, Guardia Civil, CNI, Mossos y Ertzaintza. Ése es el camino: información, prevención, conocimiento y trabajo policial. Siempre desde el convencimiento de que el yihadismo, en muchos casos silente, es letal y despiadado, capaz de las mayores atrocidades, y de que el mundo civilizado no puede dar un paso atrás ante la barbarie que representa.