Un funeral, imagen de unidad

La Razón
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El funeral por las 79 víctimas mortales del accidente de Santiago, oficiado en la catedral compostelana con la presencia de los Príncipes de Asturias y del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, reunió en un emocionado gesto de solidaridad a los principales dirigentes políticos españoles, en una imagen de unidad y responsabilidad que será, sin duda, muy bien recibida por una sociedad conmocionada por la enorme tragedia y que demanda de sus representantes la mayor altura de miras en los momentos de adversidad. Con la excepción de Izquierda Unida –que ha pedido, con indisimulado oportunismo, una subcomisión parlamentaria sobre la catástrofe, sin aguardar a los resultados de las dos investigaciones oficiales en marcha– el resto de los partidos del arco parlamentario ha mantenido una actitud impecable en este desgraciado suceso, consecuencia de un fallo humano inexplicable, como ha admitido ante el juez instructor, en una actitud que le honra, el propio maquinista, Francisco José Garzón. Pero si bien el conductor ha asumido toda la responsabilidad de lo ocurrido, sin querer excusarse en el estado de la vía, las dificultades del trazado o la supuesta insuficiencia de las medidas de seguridad, ello no es óbice para que el análisis técnico de las causas del descarrilamiento aborde las correcciones y mejoras que se deduzcan del resultado de su informe. Como se viene advirtiendo desde distintos sectores, es muy importante que la investigación de la tragedia se haga a fondo, al margen de presiones y de los previsibles conflictos de intereses. Entre otras razones, porque está en juego el prestigio de uno de los mayores logros de la ingeniería española, como es nuestra red de alta velocidad, pese a que el tramo fatídico, situado en una zona de transición urbana, no pueda tener la consideración de tal. La confusión, comprensible en el común de los ciudadanos, puede ser aprovechada por intereses comerciales ajenos, ya que la industria ferroviaria española compite en estos momentos por la adjudicación de cuatro contratos internacionales en Brasil, Rusia, Estados Unidos y Kazajistán. Lo que no justifica, sin embargo, una caída en el pesimismo que no tenga en cuenta la realidad de una red de alta velocidad como la española, que, con 3.165 kilómetros de vías operativos, es la segunda más extensa del mundo, sólo por detrás de China, y en la que, insistimos, nunca se ha producido un incidente grave. Dentro de la tristeza que nos embarga a todos, y que quedó reflejada en el funeral de ayer, debemos reconfortarnos con el comportamiento ejemplar de la sociedad española, volcada con las víctimas y con Galicia, y que, como la inmensa mayoría de nuestros representantes políticos, no ha permitido que prosperara la demagogia.