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Un racista impropio para cargo público

Tiempo de lectura 4 min.

14 de mayo de 2018. 23:01h

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14/5/2018

Hemos dado un salto en el tiempo. A muy atrás. A la época de Sabino Arana y su etnicismo paleto. Al supremacismo ario. Y todo eso sin salir del Parlament. Quim Torra, el de los tuits insultantes contra «los españoles», el de los textos plagados de ideología ultranacionalista y supremacista –racista, al fin y al cabo– sería portada, día sí y otro también, en cualquier país de la Unión Europea. Sería articulista de culto –sectario– en una revista contracultural y antisistema. Lo que no sería, o al menos eso cabe pensar, es cargo público, como es el caso que nos atañe. Si hacemos el repaso a los comentarios realizados por Marine Le Pen, o el ultraderechista holandés Geert Wilders, se cuidaron muy mucho de expresarse con el desprecio y odio con que lo ha hecho el ya presidente Torra. Un cargo recién estrenado que dice mucho a favor de la democracia española o, también, de la dejación en la lucha contra los insultos y las ofensas, que cometen nuestros políticos, y que no sólo quedan sin castigo; son premiados con cargo público. Y no uno baladí. Uno desde el que seguir con su campaña de odio e inquina a todo aquel que es diferente. Esa misma Europa que hoy es salvaguardia de la estabilidad política española, por cuanto ha rechazado desde un principio el desafío independentista del «procés» y ha hecho causa común con las autoridades de nuestro país en favor de la Constitución y el Estado de derecho, también se manifestó ayer en contra de Torra. El Partido Socialista Europeo expresó su «tristeza», por la elección de Torra, autor de «comentarios racistas absolutamente repugnantes y que crean dudas profundas sobre su idoneidad para el cargo». ¿Le importa a alguien que ayer hubiese pedido perdón? ¿Que afirmase que todo formaba del debate «político»? El portavoz jefe de la Comisión Europea, Margaritis Schinas, fue tajante al referirse a los tuits y escritos xenófobos del ya «president»: «No voy a dignificarlos con un comentario».

Pocos estaban ayer atentos al relato de gobierno de Quim Torra. Los suyos jaleando su deriva ultramontana, la CUP observándole de reojo por si se desvía de lo acordado y la oposición dispuesta a no dar un paso atrás y ceder terreno a una de las mayores amenazas que se ciernen sobre el futuro de Europa: el populismo racista de Cataluña. Frente a ellos sólo cabe unidad y discurso. Explicar y hacer pedagogía del exabrupto político y social que conllevaría el supremacismo de Torra. Ayer, el presidente de la Inteligencia alemana (la Oficina Federal para la Protección de la Constitución, BfV), Hans-Georg Maassen, aseguró que el Gobierno ruso apoyó al separatismo catalán con una campaña de desinformación en los días previos al referéndum. ¿Cuántas más pruebas quieren algunios para asumir que los fanáticos se dan la mano con fanáticos para hacer caer nuestro sistema de libertades?

Hoy, Quim Torra se encontrará con el ex presidente Puigdemont en Berlín. Hasta allí correrá para dar cumplida información de lo perpetrado ayer en el Parlament. Luego hablarán a los medios de comunicación. Una comparecencia en la que se espera que ambos den más detalles de la futura estructura del Govern y del denominado Consell de la República. El coqueteo con los límites de la ley continúa. Y todo mientras los tribunales siguen su ritmo y los encausados por el «procés» hacen frente a sus responsabilidades. Una causa que, a la vista está, puede tener nuevos apartados. Todo hasta que se cumpla la ley, la Constitución y el Estatuto. El Estado prevalecerá frente a los golpistas.

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