Tribuna

Europa y la solidaridad

Desde luego España, sumida hoy en una grave incertidumbre política, no puede agradecer valientes apoyos jurídicos de sus Estados miembros. Y si los escisionistas consiguen sus objetivos, poco más podemos esperar de esta Europa

En una bien coordinada ceremonia, el pasado día 8 en aguas de un mismo Mediterráneo, se conmemoraron los 80 años del hundimiento del acorazado «Roma» debido a las bombas lanzadas por la Luftwaffe alemana. Italia y Alemania habían constituido un mismo Eje desde comienzos de la Segunda Guerra Mundial. Pero esta alianza se había roto en septiembre de 1943.

En el lugar del hundimiento, Golfo de Asinara, próximo a la Boca de Bonifacio que separa Córcega de Cerdeña, el presidente de la República Italiana Mattarrela junto al último superviviente de la tragedia (1) a bordo del «Cavour», lanzó una corona de flores en recuerdo de los 1.395 muertos de la dotación del impresionante acorazado, de los algo más de 2.000 marinos que la componían.

Más a poniente, en el puerto de Mahón, se rendía también homenaje a los 621 náufragos que allí arribaron un 9 de septiembre de 1943, de los que 248 tuvieron que ser atendidos en el Hospital Militar de la Isla del Rey. De ellos, 26 murieron y permanecen en tierra española. El recuerdo incluía a médicos, enfermeros e Hijas de la Caridad que atendieron a quemados y heridos; a una guarnición y una población civil que se desvivió por vestirlos y alimentarlos, en tiempos difíciles. Sin citarla, también a una España neutral que respondiendo a los Convenios de La Haya dio cobijo hasta 1945, a 1.765 náufragos y tripulantes de los barcos que les socorrieron (2) .

Si hay una palabra que resuma hoy este relato y su recuerdo es «solidaridad».

Hablamos de septiembre de 1943, cuando el escenario de la Segunda Guerra Mundial había cambiado, tras la destitución de Mussolini por el Gran Consejo Fascista el 25 de julio, el desembarco de las tropas de Eisenhower en el sur de Italia, las conversaciones secretas con los Aliados que culminaron con el armisticio de Cassibile el 9 de septiembre y el falso juego a dos bandas que desarrollaron Victor Manuel III como Jefe del Estado y el general Pietro Badoglio como Jefe de Gobierno.

Lo que está claro es que estas incertidumbres políticas siempre causan estragos en formaciones disciplinadas como la Regia Marina Italiana que recibió orden de dejar sus bases de Génova y La Spezia para reunirse en la Isla de la Madalena en plena Boca de Bonifacio a la espera de instrucciones.

Allí les esperaba la tragedia. Sus camaradas del Eje de ayer, desde bases aéreas del sur de Francia (3), hundían a su buque insignia, el «Roma». Los náufragos, muchos de ellos con grandes quemaduras, rescatados por cuatro buques de la formación, fueron llevados al puerto neutral más próximo: Mahón.

Allí comenzará otra historia en la que brotará la solidaridad española. Unas salas dedicadas a este recuerdo en el reconvertido Hospital Militar de la Isla del Rey custodian celosas su recuerdo.

Poco podían imaginar aquellos sacrificados marinos que, tres días después de su llegada a Mahón, un grupo de paracaidistas mandados por Otto Skorzeny liberaría a Mussolini, recluido desde finales de julio en el hotel Campo Imperatore en el Gran Sasso. Diez días después, 23 de septiembre, tras entrevistarse con Hitler, crearía la República de Saló que se mantendría como «satélite» del Eje hasta 1945. Se escindía claramente Italia en dos partes, con un coste social, pero sobre todo humano, inconmensurable.

Esta resumida crónica nos lleva a reflexionar:

1.-Tan críticos como somos con nuestra propia Historia, nunca sabremos valorar el mérito de los dirigentes que evitaron la intervención de España en las dos Guerras Mundiales.

2.-Aquella Europa destrozada se levantó en 1945 gracias al esfuerzo de unas generaciones, que supieron superar nacionalismos y populismos, incrustados histórica y trágicamente en su alma colectiva.

3.- Italia vivió no solamente el desgaste de la Guerra Mundial, sino también su propia guerra civil, dividida en dos estados, cada uno comprometido con distintos contendientes. Su gran mérito a diferencia de nosotros: haberlo superado.

4.- Esta misma Europa que conoció los estragos del Comunismo no percibe hoy que su ideología totalitaria sigue igual, aun vestida en casa con ropas y sonrisas de diseño. Ortega en Managua o Putin en Moscú dan testimonio. No debe extrañarnos que, especialmente, tras la ayuda europea a Ucrania, una Vicepresidenta comunista nuestra apoye abiertamente un movimiento de escisión con base en Waterloo, que pretende romper la cohesión europea.

3.- Cuesta encontrar hoy la solidaridad que encontró Italia en España en 1943. Siento que esta Europa, creyendo que cohesiona con ayudas económicas, no sepa dar respuesta con valentía a nuestros problemas reales. Desde luego España, sumida hoy en una grave incertidumbre política, no puede agradecer valientes apoyos jurídicos de sus Estados miembros. Y si los escisionistas consiguen sus objetivos, poco más podemos esperar de esta Europa.

(1). Gustavo Bellazzini. (102 años)

(2). «Attilio Regolo», «Mitragliere», «Fucciliere» y «Carabiniere».

(3). Istres. Marsella.