Tribuna

Galgos o podencos

La moraleja de la fábula de Iriarte es que no se debe perder el tiempo discutiendo sobre el tipo de peligro que nos acecha ya que corremos el riesgo de sucumbir ante ellos

Es habitual observar como los políticos y periodistas se afanan en poner nombre a las tendencias en el escenario político de muchos países. En esa dedicada obsesión reaparecen de forma virtual los jacobinos y girondinos de la Asamblea francesa de finales del XVIII con el nombre coloquial por el que se les conocía, izquierda y derecha, por el sector de la bancada donde se sentaban.

Los dos sectores pertenecían a la burguesía liberal en su oposición al rey y a la nobleza, pero se distanciaban en cuanto a sus intereses y a los medios para satisfacerlos. Los jacobinos eran profesionales de clase media y modestos propietarios frente a los girondinos que pertenecían a los empresarios y grandes comerciantes. Los primeros querían una república democrática y los segundos una monarquía parlamentaria.

Como pueden observar, esas formas de gobierno se repiten y manifiestan en España de forma muy clara en los partidos políticos. Sin embargo se distancian en lo que a la común ideología liberal les concierne. Lo que realmente se muestra en España, como en todo occidente, son las dos formas de gobernar una nación: el liberalismo y el socialismo.

Con la aparición del socialismo, unido a la defensa de la república como forma de gobierno, la izquierda se acomodó fácilmente. El liberalismo, las ideas liberales se ubicaron en la derecha pero defendiendo tanto la república como la monarquía parlamentaria como forma de gobierno. En España se percibe cierta confusión asociando república con izquierda, cuando las repúblicas en su origen son todas liberales y burguesas, incluso la II República española, aunque traten de derivar hacia repúblicas populares, llamadas también democráticas, por la influencia comunista.

Los liberales defienden los derechos del individuo sobre los de la colectividad y un Estado limitado en su poder, los socialistas optan por los derechos de la colectividad y un Estado fuerte. Los liberales apuestan por la economía libre de mercado, los socialistas por la economía dirigida o mas suave por la economía social de mercado. Los liberales por la iniciativa privada y los socialistas por la iniciativa pública. Esto sería la base firme para optar por una u otra opción en las elecciones democráticas.

Aparecen también otros dos conceptos, los conservadores y los progresistas. Los conservadores en la línea liberal y derecha y los progresistas en la socialista e izquierda. Sin embargo, las naciones que más han progresado económicamente y por ende socialmente a lo largo de la historia moderna, particularmente en occidente, han sido y son a través de ideas liberal-conservadoras, tanto repúblicas como monarquías parlamentarias. Lo de progresismo es actualmente más una marca electoral registrada que otra cosa. Su origen se centra en la revolución francesa cuando era sinónimo de reformismo. Sin embargo, en España el partido progresista y el progresista-radical eran de tendencia liberal conservadora. La izquierda se ha apropiado, sin razón, del progresismo como marca electoral y la derecha lo ha permitido a pesar de venir del mundo liberal.

Además, y para mayor confusión, en España se abrazan al progresismo, además de la izquierda, es decir socialistas y comunistas, los nacionalistas y secesionistas, aunque entre estos últimos los haya liberales de derechas. Un galimatías político que pone de manifiesto solo una cosa. La lucha por el poder económico y político, nacional o regional en España.

Por otro lado, los medios de comunicación y algunos movimientos políticos han incluido dos sectores en la izquierda y derecha que definen a sus respectivos fundamentalistas, es decir que defienden los fundamentos, o a sus radicales, que optan por volver a las raíces de esos movimientos, y les han colocado el nombre de extrema izquierda o derecha o incluso, no contentos con el adjetivo, ultraizquierda o derecha. Si en la extrema izquierda aparecen claramente partidos de tendencia comunista y antisistema, en la extrema derecha sin embargo la variedad es la norma. Lo mas curioso es que se ha convencido a las sociedades, a través del relato, en que la extrema o ultraderecha es perniciosa y su equivalente en la izquierda es muy progresista. Ultra es sinónimo de derecha en muchos medios para los que la extrema izquierda no existe.

No contentos con el éxito obtenido, la izquierda suma a lo anterior llamar a la derecha o extrema derecha «fachas» que realmente no deja de ser un insulto sin significado, pues su origen es el nacional socialismo fascista, o «nazis» cuando su inicio es el nacional socialismo alemán.

En definitiva, nos perdemos en que si los partidos políticos son galgos o podencos cuando no se pueden distinguir claramente las alternativas por la interesada confusión creada. La moraleja de la fábula de Iriarte es que no se debe perder el tiempo discutiendo sobre el tipo de peligro que nos acecha ya que corremos el riesgo de sucumbir ante ellos. Y en eso estamos.