Con su permiso
Giros de guion
Todo sorpresas. La política como espectáculo en el sentido más amplio y pedregoso del término
Lee Mati en un periódico el último mensaje de un hombre que va a morir: «me quedo sin aire; os amo». Se llamaba Omar, era colombiano y le envía esas palabras a su mujer instantes antes de que el incendio de Lleida lo asfixiase hasta la muerte. Os amo. Esposa y dos hijas. Sin papeles. Vulnerables, candidatas al dolor sobre el dolor en un mundo que no les había abierto los brazos.
Le parece el comentario, la frase, la nota del día, de la semana, en un tiempo en que, sin embargo, el foco se va a orientar a otros territorios. Menos emotivos, menos humanos, pero más en línea de lo que suele ser la cosa pública o publicada en esta España de calores y temporales (que vuelven a recordarle a Mati que hay zotes negacionistas que sostienen que lo del cambio climático es una filfa).
La semana del incendio pavoroso que calcina y mata tierras y hombres, la del desastre en el transporte con Barajas convertida en un tumulto y los trenes deteniéndose cada dos por tres por sobrecarga o catenarias rotas, la del olor a podrido en la élite gobernante, incluidos socios de gobierno portando máscaras antigás para no tener que salir del vagón del poder, va a terminar con el run run que no ha abandonado la crónica de las cosas que llamamos actualidad, que es lo de los cónclaves del PSOE y del PP que tan distinto pintan al diseño que se había hecho previamente por parte de los propios interesados. Y piensa Mati que eso es su valor fundamental, que si el Comité Federal del PSOE y el Congreso del PP van a conseguir llamar la atención será precisamente por lo mucho que se van a salir del guion inicial. Siguen los socialistas ahogados por el estrés post traumático del sacrificio y crucifixión de Santos Cerdán, como si no se enteraran de lo que de verdad les está pasando. Lo dice Sumar tras una reunión en cuyos instantes previos las cámaras de la tele recogen a un Bolaños, una Montero y un Simancas demasiado festivos para la ocasión, demasiado forzados en el gesto amable y distendido, demasiado sobreactuados. Le recuerdan a Mati esos ademanes de felicidad impostada con que pretendemos esconder el dolor cuando no queremos que se nos note. A ellos se les nota mucho. Tanto, que los socios de gobierno declararon después que estaban los socialistas muy perdidos, como si no se enterasen de la que les está cayendo encima. Eso sí, Sumar se lo hizo ver -caras circunspectas, expresión sombría- pero cogieron la puerta y se quedaron. Ya, si eso, pues veremos, ¿no?. Sánchez, del que ya dijo Rufián que está tocado, ha anunciado ya una quimioterapia de alcance limitado a las células próximas al núcleo cerdánico contaminado, como si con ello se pudiera garantizar que no se extenderá la metástasis. Es mucho suponer que todos los que nombró Cerdán están contaminados o llevan en la sangre su pecado original o sus genes corruptos. Pero así es la política. Como escucha Mati a un afilado comentarista radiofónico, se purga a los que él nombró, pero nada pasa con quien le nombró a él. Y parece claro que si alguien tiene que pagar no serían los justos que nombró el pecador, sino el pecador que lo creyó a él justo. Todo este lío de las corruptelas del todopoderoso presidiario de Soto del Real le ha dado la vuelta a lo que iba a ser el Gran Cónclave de Afirmación Sanchista, y lo ha convertido en el punto de partida desesperado de un nuevo tiempo de aguantar y resistir todo lo que se pueda, aun convirtiendo la gestión de la cosa pública en una insalvable sucesión de obstáculos cada vez más altos, cada vez más espesos. Tendrá que hacer Sánchez acopio del liderazgo largamente trabajado en los últimos años de conquista de su partido. Y ahí le parece a Mati que tiene bastante ganado, porque hoy el Psoe es él y por arriba solo él. Liderazgo que, de rebote, le ha regalado también a un Núñez Feijóo que reúne a los suyos en Congreso con una revolución interna que busca afilar espadas para lo que queda de legislatura y al mismo tiempo mostrar una firmeza opositora que reste bazas a Vox, incómodo aliado en caso de nueva victoria electoral. Se lo ha puesto fácil Sánchez. Tanto, que se atreve el gallego a rizar el incómodo rizo de no agresión a los de Junts no sea que al final se tenga que tirar de ellos para no casarse con la gente de Abascal.
El que iba a desfilar como gran capitán tiene que purgar su ejército, y quien se enfrentaba a una reunión algo incómoda, se paseará como líder incuestionado.
Todo fuera de guion. Todo sorpresas. La política como espectáculo en el sentido más amplio y pedregoso del término.
Se pregunta Mati si de todo esto saldrá alguna certeza sobre quién guiará la solución de los problemas pendientes. Quién se ocupará de lo importante, de lo que nos afecta y preocupa. Si la oposición aprovechará su oportunidad para anticipar qué quiere hacer cuando gane y si el partido principal del gobierno entenderá la gravedad de lo que pasa y le necesidad de tomar decisiones más allá del atrezo y maquillaje.