
El trípode
“Manual de indignidad” (no de resistencia)
No es correcto calificar como “capacidad de resistencia” la conducta de Sánchez, que es atrincherarse en el poder por carecer de los principios de la ética pública que exigen dimitir y convocar elecciones ante una situación política que impide gobernar
El sanchismo es un cadáver político al que solo falta expedirle el certificado oficial de defunción para proceder a su inhumación. Cada día que pasa resulta más patético el espectáculo de comprobar la carencia de principios y valores de la ética pública que se consideran exigibles para todo gobierno en una democracia parlamentaria liberal y occidental como la española. El daño que está provocando a la reputación internacional de España y a la misma sociedad española con el ejemplo de su conducta política es desgarrador, y la Historia lo juzgará y no precisamente basado en su democrática memoria. Tenía que existir un personaje político como el actual inquilino de la Moncloa para comprobar que hay situaciones incompatibles con un Estado social y democrático de Derecho de las que no hay instrumentos en la Constitución para poder acabar con ellas de manera eficaz. Los únicos son la moción de censura y la cuestión de confianza; a la primera los socios del sanchismo no se apuntan porque son sucesores del terrorismo, y secesionistas indultados y amnistiados sin arrepentimiento ninguno por un golpe de Estado contra el mismo fundamento de la Constitución. Por tanto antiespañoles a los que el daño a España no les afecta en absoluto. En cuanto a la cuestión de confianza está en manos del máximo responsable de la situación y por tanto es una posibilidad inexistente. Feijóo ha convocado a los españoles a manifestarse en la calle pidiendo que se convoquen elecciones para acabar con esta insostenible situación, y sería deseable que hubiera una masiva respuesta de la población a esa convocatoria. El pueblo soberano en manifestación masiva en la calle, legal y pacíficamente, exigiendo el final de esta legislatura dándole la voz, es una vía adecuada y quizás la mejor posible actualmente. El actual Frente Popular Sanchista, la coalición social comunista que se atreve a autocalificarse de “progresista y feminista” está haciendo honor a su predecesor de 1936. Por supuesto no nos lleva como aquel a una guerra civil, pero sí a una España radicalizada, dividida y enfrentada entre sí para servir a los intereses que mecen la cuna en la que reposa el sanchismo. Que literalmente quieren destruir la España Constitucional: con conciencia de ello los que están al frente, e inconscientemente los otros, pero actuando todos cual sumisos corderos que siguen a su amo. Y por cierto, no es correcto calificar como “capacidad de resistencia” la conducta de Sánchez, que es atrincherarse en el poder por carecer de los principios de la ética pública que exigen dimitir y convocar elecciones ante una situación política que impide gobernar. Sin mayoría parlamentaria y sin presupuestos. Y con mucha corrupción.
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