
Al portador
Pedro Sánchez, de derrota en derrota hasta la victoria final
Ahora mismo, para Sánchez, cada derrota parlamentaria es un éxito porque también cree que «la victoria puede prepararse mediante una serie de derrotas»
Rosa Luxemburgo (1871-1919), teórica y activista socialista, icono de la izquierda ilustrada –habría que preguntar por ella a Cerdán y Koldo, por ejemplo–, escribió en 1919, la víspera de su asesinato, que «la victoria solo puede prepararse mediante una serie de derrotas (...) un camino que conduce, inexorablemente, a la victoria final». Años después, Winston Churchill (1874-1965), sin que esté claro –aunque es probable– que conociera la frase de la socialista, la convertiría, en los momentos más difíciles de la II Guerra Mundial, en la más popular «de derrota en derrota hasta la victoria final». Ahora, Pedro Sánchez y sus asesores, con Diego Rubio, el de «la ética del engaño», a la cabeza, y Manuel de la Rocha –quien de verdad corta el bacalao–, aplican como estrategia las ideas de Luxemburgo y el entusiasmo en momentos críticos del histórico premier británico.
El Gobierno perdió el jueves una votación estratégica, cuando el Congreso rechazó aprobar la senda de estabilidad. La «vice» y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, no tardó ni un minuto en culpar a los populares de Núñez Feijóo y en decir que las Comunidades Autónomas tendrán menos dinero para gastar. Josep María Cruset, de Junts, se lo había dicho desde la tribuna: «Todo el mundo sabe que no tendrán Presupuestos. Usted –por Montero– no quiere tenerlos, quiere que se los tumbe el PP para hacer su campaña en Andalucía». Que lo afirmara un diputado «indepe» no lo invalida. «La verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero», explicaba Juan de Mairena (1840-1898), el heterónimo de Antonio Machado (1875-1939).
La última estrategia sanchista, muy calculada, consiste en presentarse, sobre todo ante su clientela, como víctima. La prisión de Ábalos y Koldo lo complica todo, pero el inquilino de la Moncloa se aferra a su ya legendaria resistencia. El plan consiste, hasta que haya elecciones, cuando sea, en presentar iniciativas, incluso la senda de estabilidad otra vez y quizá los Presupuestos, para que el Congreso los tumbe y culpar de ello al PP. Todo sin dejar de señalar al mismo tiempo a los jueces «no progresistas», a los que se tildará de colaboradores más o menos directos del PP. La estrategia no es disparatada y puede –incluso en momentos tan complicados para el PSOE– dar resultado. Es posible. Ahora mismo, para Sánchez, cada derrota parlamentaria es un éxito porque también cree que «la victoria puede prepararse mediante una serie de derrotas, (...) un camino que conduce a la victoria final», como pensaba Rosa Luxemburgo.
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