El canto del cuco

Privilegiados del sanchismo

Las concesiones crecientes, apaciguadoras, sólo conducen a una falsa normalidad

Escribió Diderot que «todo privilegio es un atentado contra la libertad general». De ahí la reacción, callada por ahora, de la gente ante el trato privilegiado de este Gobierno a Cataluña y al País Vasco. El malestar es profundo y viene de lejos, pero se agudiza estos días en las regiones más despobladas y empobrecidas, que han padecido, sin la debida presencia y protección del Estado, la puntilla de los incendios. Los agravios comparativos van de boca en boca. El hecho de que esos privilegios obedezcan a la necesidad del presidente Sánchez de contar con los votos de los partidos separatistas para seguir en La Moncloa agrava la situación y enardece aún más los ánimos. El nivel de dependencia es crítico en el nuevo curso político, que, en lo demás, es continuación del anterior.

El decreto sobre la distribución en el territorio nacional de los 3.000 menores emigrantes hacinados en Canarias es un asunto ineludible, acuciante, que, de por sí, levanta pasiones, pero, en este caso, sobre todo por el trato de favor a Cataluña y al País Vasco, los dos grandes beneficiados, a la hora del reparto. Se da el contrasentido de que es el Partido Socialista en el poder el que favorece a las regiones más ricas a costa de las demás, aun a riesgo de perder votantes en el resto. Pero más grave aún es la presión de los nacionalistas catalanes, encabezados por el socialista Salvador Illa, presidente de la Generalidad, exigiendo ya el cupo o la Hacienda propia. Illa, aspirante a suceder a Sánchez, está resultando un caballo de Troya en el corazón del Estado. La decisión increíble de suspender la vida parlamentaria para celebrar la Diada, la fiesta del nacionalismo, el 11 de septiembre, roza ya la indignidad.

Esta decisión trasciende, me parece, la circunstancia de que era el día señalado para la comparecencia de Begoña Gómez, la mujer del presidente, ante el juez, y es tal despropósito que no puede urdirse sólo para evitar, por ausencia de los diputados catalanes, una derrota en el Congreso. Si fuera así, debería cerrarse el Parlamento en las fiestas de todas las comunidades autónomas. Es más bien la demostración definitiva de la sumisión del Gobierno de España a los nacionalistas catalanes y un clamoroso agravio al resto de las comunidades. Se comprueba que los privilegiados del sanchismo son insaciables. El economista norteamericano John K. Galbraith escribió que «los privilegiados arriesgarán siempre su completa destrucción antes de ceder parte de sus privilegios». Así parece. Las concesiones crecientes, apaciguadoras, sólo conducen a una falsa normalidad.