Los puntos sobre las íes

La prostitución hizo presidente a Sánchez

Entretanto, las feministas del PSOE y la progresía patria en general callan como muertas y muertos

Así como todos los caminos físicos conducen a Roma, no todos los políticos llevan al poder. Maneras para conseguirlo hay muchas: unas lícitas y éticas, otras ilegales y/o inmorales. Hay quien como Kennedy lo logró con la colaboración financiera de los amigos mafiosi de papá Joseph. También está el caso de un Winston Churchill que arribó a Downing Street por descarte y terminó siendo el mejor primer ministro de la historia británica. Reagan no empleó métodos espurios para convertirse en el cuadragésimo presidente estadounidense, se limitó a aprovechar la congénita inepcia de Jimmy Carter y a explotar su superlativo carisma. Un proceso similar transportó a Felipe González de la clandestinidad a Moncloa. Aznar no era guapo ni atractivo políticamente pero sí un estratega de primer nivel y un prodigioso estajanovista. La corrupción felipista, cuasiclónica a la sanchista, hizo el resto. Lo de Zapatero resultó cosa del destino: obviamente él no tuvo nada que ver con los atentados islamistas del 11-M pero no es menos cierto que los aprovechó para dar jaque mate a quien, según todos los sondeos, iba a ganar las elecciones. Y a la tercera fue la vencida para Mariano Rajoy gracias, entre otras cosas, a la estratosférica ruina económica que desencadenó el frívolo de su predecesor. España entera pensaba que el germen del sanchismo estaba en sus pactos bastardos. Error. Esta semana hemos descubierto que el pecado original no residía en sus vomitivos compromisos con Bildu-ETA y con los protagonistas del 1-O. Que la esencia tampoco radicaba en esa sentencia de Gürtel incontestable en la mayoría de los pasajes pero amañada en esas partes que muchas veces alteran irreversiblemente el todo. La manta de la que está tirando Koldo García en Okdiario ha permitido conocer que las Primarias que devolvieron a Sánchez a la Secretaría General del PSOE en 2017 no sólo se falsearon contablemente con un pitufeo que a 14 concejales de Rita Barberá les costó el procesamiento, y a ella seguramente la muerte, sino que además se sufragaron con dinero proveniente de los negocios de su suegro. Un Sabiniano Gómez cuyo único oficio conocido en sus 81 años de vida fue el proxenetismo. No sólo era dueño de esos prostíbulos masculinos que los medios a sueldo de Moncloa rebautizaron goebbelsianamente como «saunas» sino que, además, regentó un sinfín de clubes de alterne femeninos. Locales en los que se explotaba laboralmente a mujeres, en los que se practicaba sin disimulo eso que toda la vida de Dios se llamó trata de blancas. Establecimientos en los que el dinero negro circulaba con tanta habitualidad que el blanco quedó sistemáticamente relegado a la condición de anécdota. Puticlubs en los que también vendían su cuerpo menores de edad. En fin, Sabiniano Gómez era chusma. Y sus negocios representaban lo peor de lo peor desde el punto de vista ético, estético, moral y legal. El lugarteniente del marido de Begoña en las Primarias, preso en Soto del Real, cifra en «100.000 euros» la cantidad aportada a la campaña por un chulo llamado Sabiniano. Lo cual convierte en delictiva la declaración de nuestro primer ministro en la Cámara Alta cuando, a preguntas del senador de Vox Ángel Pelayo, negó tajantemente haber recibido un solo euro de su suegro para la batalla interna contra Susana Díaz. Delito de falso testimonio al margen, lo más indignante es la desvergüenza de un autócrata que se las da de campeón del mundo mundial en feminismo y progresismo a sabiendas de que con la prostitución empezó todo. Y entretanto, las feministas del PSOE y la progresía patria en general callan como muertas y muertos.