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Mirando la calle

No todos los borbones

«El verdadero artífice de la fama de, ejem, «conquistadores» de los borbones fue Alfonso XIII»

Los españoles, que hablamos mucho por boca de ganso, solemos decir eso de «ya se sabe cómo son los borbones», refiriéndonos a sus pasiones carnales. La historia lo desmiente. Ni el primero de los Borbones llegado a España de Francia para reinar, Felipe V (devoto del sexo y los juegos sexuales, pero solo con sus mujeres y consigo mismo, para complementar y pensando en ellas «que será menos pecado», le decía a su confesor ), ni los dos hijos que concibió su primera esposa, María Luisa Gabriela de Saboya, Luis I el breve y Fernando VI, el primero casado con Luisa Isabel de Orleans (en un matrimonio complejo, por las extravagancias e inclinaciones sexuales de ella hacia lo femenino), y el segundo, con Bárbara de Braganza, tuvieron escarceos fuera de su matrimonio. Tampoco los tuvo Carlos III, hijo de Felipe V y su segunda esposa, Isabel de Farnesio, quien, a la muerte de María Amalia de Sajonia, su única esposa y amor, jamás volvió a tener sexo, por miedo a la locura familiar (Felipe V llegó a España «enfermo de melancolía» y la enfermedad marcó su vida; y su hermano de padre, Fernando VI, enloqueció tras la muerte de su esposa). Y la promiscua en el matrimonio de Carlos IV, fue María Luisa de Parma, no él. De hecho, reconoció a su confesor antes de morir que «en ninguno de mis veintitrés embazados, catorce hijos vivos, ha participado mi esposo…». Es verdad que Fernando VII (de miembro viril deformado) frecuentaba los prostíbulos, y que su hija Isabel (a quien casaron con su primo homosexual, Francisco de Asís, alias «Paquita Natillas») tuvo mucho sexo extramarital; pero Alfonso XII fue el primer rey que se caso por amor (pese a alguna aventurilla)…

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El verdadero artífice de la fama de, ejem, «conquistadores» de los borbones fue Alfonso XIII, él sí, adicto a todo tipo de sexo, pornografía incluida. Y tampoco le pasaron factura sus escándalos «sentimentales» (que no son cosa de todos los borbones). De hecho, cuando dijo aquello de «los españoles me han obligado a marcharme “por ligón», Valle Inclán le corrigió: «no por ligón, sino por ladrón». Los españoles, lo acaba de declarar Juan Carlos I, perdonamos más los asuntos amorosos de reyes y plebeyos; los económicos, no.