Año nuevo, sin grandes novedades

La capacidad de Estados Unidos para manejar mejor sus divisiones y problemas internos influirá decisivamente sobre el curso de los acontecimientos mundiales

Cualquier mirada retrospectiva al año 2012 deberá incluir entre sus aspectos más destacados tres regiones del mundo: la eurozona, con sus incertidumbres financieras que aparentemente nunca terminan; Oriente Próximo y sus numerosos cataclismos, entre ellos (y esta lista es cualquier cosa menos exhaustiva), el ascenso al poder de la Hermandad Musulmana en Egipto y la cruenta guerra civil en Siria, que ya se ha cobrado más de 60.000 vidas; y la región de Asia y el Pacífico, con un aumento del nacionalismo y las tensiones políticas, tras varias décadas de caracterizarse exclusivamente por una combinación de extraordinario crecimiento económico y considerable tranquilidad política. ¿Pero cuáles serán las cuestiones dominantes en 2013? Podemos predecir sin temor a equivocarnos que en Europa no se acabarán las dificultades y que los países del sur (sobre todo) deberán esforzarse por reducir el gasto público para poner sus políticas fiscales en correspondencia con su verdadera capacidad económica. Pero es posible que este año haya una diferencia: tal vez el país que estará en el centro de la tormenta sea Francia, en vez de Grecia y España. Esto suscitará cuestionamientos fundamentales e incluso existenciales para Alemania, la otra mitad del tándem central del proyecto europeo desde la Segunda Guerra Mundial. Es probable que Europa en su conjunto experimente un periodo de crecimiento económico escaso o nulo, lo que dificultará en gran medida la tarea de los funcionarios con cargos en los gobiernos, los bancos y las instituciones regionales.

Por su parte, Oriente Próximo todavía está en la primera etapa de una transición revolucionaria. Es casi seguro que dentro de un año el presidente egipcio seguirá en el poder, pero no está tan claro el modo en que usará ese poder, ni cómo se presentará la situación política y económica resultante en Egipto. Los recientes desacuerdos en torno a la redacción de una nueva constitución revelan que la sociedad egipcia está profundamente dividida y que la actual dirigencia aparentemente iguala (y confunde) gobierno de la mayoría con democracia. En cambio, es probable que el régimen del presidente sirio Bashar al Asad no sobreviva hasta fin de año. Pero (como se ha visto en otras partes de la región) es mucho más arriesgado afirmar que su lugar lo ocupará otro gobierno que sea benigno y eficaz. Bien puede ser que el país quede sumido en una guerra civil de características sectarias, o que estallen enfrentamientos entre los diversos grupos opositores a Asad. También existe la posibilidad real de que países como Bahréin y Jordania sean escenario de graves disturbios.

Por último, es difícil que las fricciones en la región de Asia y el Pacífico disminuyan; de hecho, es mucho más probable que se intensifiquen. No puede descartarse un incidente militar entre China y alguno de sus vecinos (Japón, Filipinas, Vietnam), y todavía no es seguro que los circuitos diplomáticos de la región sean capaces de manejar una situación semejante. Para colmo de incertidumbre, muchos de los países de la región (incluidos China, Japón y Corea del Sur) tendrán gobiernos nuevos.

¿Qué más podemos esperar para 2013? Lamentablemente, es muy probable que los esfuerzos internacionales para dar forma a nuevos acuerdos para la promoción del comercio, la contención del cambio climático y la regulación del ciberespacio queden en nada. El multilateralismo a gran escala, ámbito de negociación para la mayoría de los 193 países reconocidos por las Naciones Unidas, se ha vuelto demasiado inmanejable. Lo máximo que puede esperarse es la obtención de acuerdos de pequeña escala entre algunos gobiernos o acuerdos que sólo hagan un abordamiento parcial de problemas mucho mayores.

Es probable que el mayor desafío para el mundo sea definir la respuesta al programa nuclear de Irán. Este país ya cuenta con buena parte de lo que se necesita para producir armas atómicas, pero al mismo tiempo, las sanciones que le han sido impuestas por un conjunto importante de países están minando seriamente su economía. Hay señales de un creciente debate interno en Irán sobre la conveniencia de seguir adelante con el programa de armas nucleares (y arriesgarse así no sólo a la ruina económica, sino también a un ataque militar) o, en cambio, aceptar una solución diplomática, que incluiría la limitación de las actividades nucleares de Irán y su disposición a permitir un mayor nivel de inspección internacional que el permitido hasta ahora. De modo que es probable que la gran pregunta del año sea si se podrá negociar una solución que satisfaga tanto a Irán como a Estados Unidos, Israel y otros países. Hay algo que, sin embargo, es seguro: lo que definirá en gran medida al año 2013 será que se produzca o no una acción militar contra Irán.

A la lista de países «impredecibles», hay que añadir uno más: Estados Unidos. En este caso, la pregunta es: ¿estará el sistema político estadounidense a la altura de los desafíos a los que se enfrenta (muchos de los cuales ha contribuido a empeorar)? Estados Unidos es todavía la primera potencia económica y militar del mundo, pero su solvencia despierta dudas que, a su vez, hacen dudar de su capacidad de desempeñar un papel activo y de liderazgo en la esfera internacional. Y los últimos acontecimientos sucedidos en Washington no son esperanzadores. La capacidad de Estados Unidos para manejar mejor sus divisiones y problemas internos influirá decisivamente sobre el curso de los acontecimientos mundiales, no sólo en este año que comienza, sino durante la década siguiente e incluso después.