La comunicación móvil

Conectados a todas horas y en todas partes. Así vivimos. Poco a poco, casi sin darnos cuenta, la conectividad total forma ya parte de nuestras vidas a través de los smartphones y tabletas que siempre nos acompañan. Nos informamos, compramos, consultamos la cartelera, reservamos viajes o, simplemente, aclaramos un dato que no recordamos. Todo eso que antes hacíamos a través del periódico, del teléfono o de la enciclopedia, ahora lo podemos hacer cómodamente sentados en el sofá de casa, en el metro o mientras esperamos en la consulta del dentista.

Y hago esta reflexión porque ha caído en mis manos un muy recomendable libro titulado «La comunicación móvil. Hacia un nuevo sistema digital», que analiza, desde la perspectiva periodística, «el papel central de la comunicación móvil en la colisión entre industrias digitales y medios de comunicación tradicionales». Sus autores, Juan Miguel Aguado, Claudio Feijóo e Inmaculada J. Martínez, abordan este fenómeno de la comunicación móvil, que actúa, según explican, «como un vector de transformación en los ritos de consumo cultural, en los lenguajes de contenido digital y, consecuentemente, en los modelos de negocio y distribución de las industrias culturales».

Y es que, como ellos mismos aseguran en la introducción de su obra, en relación a los smartphones y tabletas, «no podíamos imaginar la intensidad y el alcance de las transformaciones que, a partir de aquellos dispositivos, iban a operarse en el paisaje de las industrias del contenido». Un boom que relacionan directamente con el lanzamiento de dos productos de Apple: el iPhone, en junio de 2007, y el iPad, en enero de 2010.

Estos dispositivos, que denominan «la cuarta pantalla», tienen además una característica, y es que, lejos de exigir «exclusividad», son inclusivos, es decir, son compatibles con otras actividades y soportes, de modo que alguien que esté viendo la televisión puede, al mismo tiempo, estar viendo un vídeo en YouTube o comentando en redes sociales el programa que están emitiendo. Este comportamiento está cada vez más extendido entre las generaciones más jóvenes, lo que definimos como el fenómeno «multitask».

«Es, ante todo, una pantalla social, expansiva y envolvente, que penetra en los alvéolos de nuestras interacciones cotidianas con una fusión singular de comunicación y contenido y que, por eso mismo, tiende a incluir en sus escenarios de uso otras pantallas y otras formas de consumo», explican.

El libro analiza, a lo largo de sus páginas, todo el ecosistema móvil: desde las aplicaciones y contenidos, hasta las redes sociales, pasando por la publicidad móvil, el modo en que afecta al periodismo y a los periodistas esta nueva realidad, «la percepción y el uso del smartphone entre adolescentes y jóvenes» o conceptos como la privacidad y la identidad digital. Y precisamente esta privacidad o, mejor dicho, la falta de ella en el momento en que exponemos nuestros datos personales en internet, es uno de los principales riesgos. De hecho, según explican los autores en el libro, «actualmente los usuarios no disponen ni de información ni de herramientas para asegurar la integridad contextual del flujo de información personal que suministran durante el curso de las transacciones en las que están involucrados». En cualquier caso, esto no ha hecho más que empezar y son los consumidores los que «armados con teléfonos inteligentes y tabletas quiere acceso ubicuo y de calidad a todo tipo de contenidos y aplicaciones».